Consuelo Martín

¿Dónde buscar el silencio?

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Por Consuelo Martín

Quizá hemos oído hablar de distintas maneras de penetrar en el silencio, métodos para acallar los pensamientos y encontrar el secreto de la acción adecuada. Ahora trataremos de un acceso espontáneo a la dimensión silenciosa de la mente: el que surge cuando comprendemos profundamente el sentido de la vida. Podríamos acceder a un estado de paz, a una relajación parcial, al aflojar con ejercicios aquellas tensiones de las que somos conscientes. Podríamos acallar las emociones, guardándolas en el cuarto oscuro del inconsciente por un tiempo, mientras practico ciertos métodos. Así puedo sentir que mejora la agresividad, la tristeza o el miedo. También podría distraerme con emociones positivas y dejar para más adelante las negativas. Pero eso no sería hacer silencio.

El verdadero silencio es el que brota espontáneo al comprender. Cuando caigo en la cuenta de lo que no había comprendido se produce en mi psiquismo una espontáneo revolución que silencia lo falso y deja espacio a la revelación de lo verdadero. ¿Qué método puede seguirse para llegar a ese punto? Al utilizar las conocidas pautas pensadas, y todos los métodos lo son, los resultados obtenidos estarán condicionados a las limitaciones del método. Todo sistema para conseguir algo es creación pensada que no ha salido de la superficie de la conciencia. Por ello obtendré algo dentro de ese mismo ámbito. Lo mecánico conduce a lo mecánico, lo ilusorio a lo ilusorio. ¿Cómo podría salir del dominio del pensar mediante trucos también pensados?

Si anhelo el silencio liberador no buscaré entre las programaciones de la computadora pensante. Por el contrario, habré de aflojar las identificaciones que me atan allí. Será un deshacer las ilusiones repetidas, un deshipnotizarme de los pensamientos que atraviesan mi psiquismo. Sin embargo no tendrá sentido el intentar eliminar el pensamiento. No obstante hay quienes se dedican a esa tarea. Desde los tiempos más remotos se aplican técnicas para no pensar: además de las distracciones sensoriales que nuestra sociedad presenta hasta la saciedad, conocemos la repetición de palabras, jaculatorias, rosarios, etc. Esas prácticas, por supuesto, no conducen al silencio. Tranquilizarme de los agobios o tensiones que produce la interacción personal no tiene nada que ver con la serenidad que sobreviene natural e inevitablemente al eliminar los errores. Mientras permanezca la ignorancia, el error agazapado en mi mente volverá a ocasionar las tensiones correspondientes.

(extracto de: Consuelo Martín. La revolución del silencio. Madrid: Gaia, 2004. pgs. 39-40)