Marià Corbí

El Sabio

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El sabio que ha conocido la verdad sobre el Sí (sí mismo), juega el juego de la vida, y no existe semejanza entre su manera de vivir y la de los engañados que viven el mundo como simples bestias de carga.

El sabio vive en paz y libertad, los engañados en la inquietud y en la sumisión.

El que conoce la verdad, no está afectado por el vicio y la virtud, así como el cielo no es afectado realmente por el humo que lo oculta, aunque parezca que así es.

La dualidad de vicio y virtud no afectan al sabio. Quien se sabe el “no-dos”, ¿qué comportamiento podría afectarle?

El que conoce la Verdad, el Mahâtma, que ha aprendido que el Universo no es sino su propio Sí, vive libre.

Quien se sabe el “no-dos”, que es todo, ¿qué podría someterle?

De las cuatro clases de seres creados, desde Brahma hasta una brizna de hierba, sólo el sabio, renunciando al deseo y la aversión, sabe que todo es Brahman.

El sabio, porque renuncia al deseo y la aversión, sabe que todo es Brahman.

No tienes vínculo con nada, eres puro. ¿A qué hay que renunciar? Destruye la identificación con el cuerpo y la mente, y entra en el estado de nóumeno

No será necesario renunciar a nada si dejas de identificarte con el cuerpo y la mente. Hazlo y entra en el misterio.

Así como las burbujas surgen en el océano, así surge el universo en el Sí. De este modo, conocimiento que el Sí es todo, entra en el estado de nóumeno.

Conoce que el Sí es todo porque es el “no-dos” y entra en la unidad.

Permanece igual en el placer y en el dolor, en la esperanza y en el desespero, en la vida y en la muerte. De este modo, entra en el estado de nóumeno.

Permanece ecuánime en toda circunstancia y entra en el misterio. La ecuanimidad es el silencio del sentir.

(meditaciones a partir de los Brahma Sutras)