José Manuel Bobadilla El artículo plantea una crítica a la forma en que se entiende el paso hacia las llamadas sociedades del conocimiento, señalando que este proceso no supone una transformación real mientras continúe dominado por el capitalismo neoliberal. La ciencia y la tecnología han sido absorbidas por un sistema basado en el individualismo, el libre mercado y la rentabilidad a corto plazo, lo que impide afrontar de forma efectiva tanto la crisis ecológica global como el profundo cambio en las formas de vivir y sobrevivir, hoy marcadas por la interdependencia y el conocimiento. Frente a discursos como el “capitalismo verde”, el “capitalismo consciente” o el “multicapitalismo”, se muestra que estas propuestas no rompen con la lógica del sistema, sino que la maquillan incorporando selectivamente críticas ecológicas y sociales para asegurar su continuidad. Transitar hacia las sociedades del conocimiento, sólo será posible mediante un proyecto axiológico colectivo que supere el individualismo, reconozca la interdependencia entre seres humanos y naturaleza, y sitúe el desarrollo científico y tecnológico al servicio del bienestar común y de la vida en su conjunto.
Fernando Pessoa, «Alberto Caeiro», «No creo en Dios»
No creo en Dios porque nunca lo he visto.
Si el quisiera que yo creyera en él,
seguro que vendría a hablar conmigo
y entraría por mi puerta diciéndome: ¡Aquí estoy!
Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y el sol y el luar,
entonces creo en él,
entonces creo en él a todas horas
y mi vida entera es una oración y una misa
y una comunión por los ojos y por los oídos.
Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y el luar y el sol,
¿por qué llamarle Dios?
Le llamo flores y árboles y montes y sol y luar;
porque si él se hizo, para que yo lo viese,
sol y luar y flores y árboles y montes,
si se me aparece como árboles y montes
y luar y sol y flores
es porque quiere que lo conozca
como árboles y montes y flores y luar y sol.
Y por eso yo le obedezco
(¿qué más sé yo de Dios que Dios de sí mismo?),
le obedezco viviendo, espontáneamente,
como quien abre los ojos y ve,
y le llamo luar y sol y árboles y montes,
y lo llamo sin pensar en él,
y pienso en él viendo y oyendo,
y ando con él a todas horas.
(poema de El cuidador de rebaños)
