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LA NAVIDAD del 2006 en CETR

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1. Introducción

Jesús de Nazaret, con su vida y su muerte, con sus actos y sus palabras nos reveló al Absoluto, nos reveló al Padre. Esa revelación no fue de fórmulas, sino de la presencia del Absoluto mismo; fue la revelación del Padre a nuestra mente, a nuestro sentir y a nuestro cuerpo entero.
La revelación de Jesús, como la de todos los grandes maestros del espíritu, es una revelación indecible. La consecuencia de esa revelación es un conocimiento y un sentir, pero silencioso, porque desborda por completo nuestras limitadas posibilidades de decir y representar. La revelación es una revelación silenciosa; y nuestra noticia de esa revelación es un conocer y sentir silencioso.
Esa fue la gran experiencia de los discípulos con Jesús.
Cuando quisieron representar lo irrepresentable, cuando quisieron aludir a esa enseñanza de Jesús, hablaron de su nacimiento.
La narración del nacimiento intentó simbolizar los rasgos centrales de la revelación de Jesús, que son los rasgos centrales del conocimiento y sentir silencioso.

La narración del nacimiento de Jesús no es una narración de hechos, no es una crónica, es una representación, una simbolización de lo que fue la enseñanza central de Jesús, de su revelación: el conocimiento silencioso.
Para hacerlo tomaron los elementos centrales de un mito ancestral, el del nacimiento de dioses y héroes, para simbolizar, en lo posible, esa inefable revelación.
La narración del nacimiento está formada por unos símbolos centrales, ensartados en una narración. Esa es la estructura común de los mitos: símbolos poderosos ensartados en una narración. La narración sólo pretende poner de relieve a los símbolos centrales.

Los símbolos centrales de la narración del nacimiento son la noche cósmica, la cueva y el seno de una madre. En realidad son tres símbolos confluyentes porque insisten en una misma idea desde una triple perspectiva: una perspectiva cósmica, otra terrestre y otra humana.
Para comprender la profundidad del mensaje del mito de la natividad, basta con prestar atención a esos tres grandes símbolos.

Jesús, la Luz del mundo, nace en el momento central de la noche cósmica, desde las tinieblas del seno de la tierra en una cueva, y de la oscuridad de las entrañas de María.

Los símbolos del mito parecen sugerir la contraposición de la luz y la oscuridad, la contraposición de la luz y las tinieblas, pero no es así.

En la oscura noche brilla la comprensión de la inmensidad y el sentimiento de lo ilimitado, como no puede sugerirlo la luz del sol.
Las tinieblas de los abismos de la tierra o la oscuridad del seno de una madre son más elocuentes que los campos abiertos.

Esos tres tipos de tinieblas, la del cosmos, la del seno de la tierra y la de las entrañas de una madre, son oscuridades que iluminan la mente y el sentir más que el claro día.
Estas tres oscuridades-luz, no son tres, sino una sola.
Cómo llamaremos a esa oscuridad, ¿oscuridad luminosa o claridad oscura?
Así es la luz que Jesús trajo al mundo con su vida y su muerte.

El mito narra que en Jesús se encarna el Hijo de Dios en un infante judío.

Esa afirmación es oscura como la noche cósmica. En ella se dice que ese humilde recién nacido es la Luz de Dios venida al mundo.
La vida y la muerte de Jesús nos mostraron “al que es”, al Absoluto, al Padre. Él fue esa revelación. Esa revelación de Jesús es la que simboliza el mito de la navidad, retrotrayéndola a su nacimiento.

La verdad que nos trajo Jesús, la verdad del Dios Padre, es la Verdad absoluta.
Una verdad que está más allá de las pobres y limitadas posibilidades de nuestro cerebro y nuestro corazón.
Una Verdad que excede todas nuestras posibilidades de representación.

Sabemos de su Verdad con una certeza inquebrantable, pero ni la podemos individualizar, diferenciándola de las otras verdades (toda diferenciación sería hija de una formulación, y la Verdad de Jesús no es ninguna formulación), ni la podemos acotar, ni la podemos representar.
Es una Verdad vacía, sin límites, que lo abarca todo.
Y es una Verdad que lo abarca todo, porque de nada puede ser diferenciada.
Es la Verdad de todo, porque está vacía de toda posible objetivación.
Y porque es inobjetivable la vivimos como nada.
Es certeza completa y vacío completo.

Es peso de certeza, pero es certeza de nada.
Es presencia indudable, pero es presencia de nadie.
Es la luz del Absoluto, pero, por los rasgos descritos, es luz tenebrosa.
Es como la noche del cosmos, oscura como los espacios infinitos, pero plagada de galaxias de soles.
Es como las entrañas de la tierra y como el seno de María, oscuras, pero dadoras de vida.

Desde la revelación de Jesús, simbolizada en el mito de su nacimiento, la luz más intensa y las tinieblas de la noche ya no están separadas para nosotros, están indisolublemente juntas.
La luz del Absoluto es tan pura e intensa que resulta tenebrosa para nuestros humildes ojos de animales vivientes.

Y la tiniebla de la presencia del Absoluto es más deslumbrante que el sol de la mañana.

Leeremos unos textos que nos hablan de ese doble aspecto del conocimiento de la revelación del Absoluto, de la revelación del Padre que es el conocimiento silencioso, que es la revelación de Jesús:
-tiniebla absoluta que es absoluta no-imagen
-y luz absoluta que también, por su claridad e intensidad es no-imagen.
como una unidad inseparable.

2. El nacimiento de Jesús (Evangelio según San Lucas)

Por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
Había en la misma comarca algunos pastores que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: no temáis pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.«

Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «vayamos pues hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado» Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño, y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.

3. Pseudo Dionisio el Areopagita -s.IV- , en su obra «Teología mística»

El texto que leeremos a continuación insiste en la inseparabilidad de luz y tiniebla en la revelación de Jesús.

Los misterios de la Palabra de Dios son simples, absolutos, inmutables, en las tinieblas más que luminosas del silencio que muestra los secretos. En medio de las más negras tinieblas, fulgurantes de luz, ellos desbordan. Absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de hermosísimos fulgores inundan nuestras mentes deslumbradas.

 

En la Tiniebla tiene su morada aquel que está más allá de todo ser. (…)Cuando libre el espíritu, despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra en las misteriosas Tinieblas del no-saber, allí, renunciando a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.

Que puguem penetrar, també nosaltres, en aquesta més que lluminosa obscuritat!

4. de San Juan de la Cruz: NOCHE OSCURA

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con Amada,
amada en el Amado transformada!

5. de San Juan de la Cruz: CANTAR DEL ALMA

Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche.
Aquella eterna fonte está escondida
que bien se yo do tiene su manida
aunque es de noche.
Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen de ella viene,
aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben de ella,
aunque es de noche.
Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,

        aunque es de noche.
        Su claridad nunca es oscurecida,
        y sé que toda luz de ella es venida,
        aunque es de noche.

6. de San Juan de la Cruz:

Entréme donde no supe,
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe donde estaba,
pero, cuando allí me ví,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.
Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.
El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero

mucho bajo le parece,

y su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía;
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo

     jamás le pueden vencer;

        que no llega su saber
        a no entender entendiendo,
        toda ciencia trascendiendo.
        Y es de tan alta excelencia
        aqueste sumo saber,
        que no hay facultad ni ciencia
        que la puedan emprender;
        quien se supiere vencer
        con un no saber entendiendo,
        irá siempre trascendiendo.
        Y, si lo queréis oír,
        consiste esta suma ciencia

     en un subido sentir

    de la divinal esencia;
    es obra de su clemencia
    hacer quedar no entendiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

7. de la Nube del No-saber (texto anónimo inglés, s.XIV)

Al principio todo es oscuridad, como una nube de no-saber. No sabes qué es, lo único que sabes es que tu corazón anida un firme propósito de dirigirse desnudamente hacia Dios. Hagas lo que hagas, esta oscuridad y esta nube permanecen entre tú y Dios impidiendo la clara luz de la comprensión de la razón pueda verlo y que en tu sentir puedas experimentar la dulzura de su amor. Prepárate pues para habitar en esta oscuridad lo más que puedas sin dejar de anhelar a Aquel que amas.

 

8. de Jalal ud-din Rumí (s.XIII)

Dice Rumi: «la luna obtuvo la luz porque no temió a la noche«

 “La aurora del Bien-Amado” (de al-Halladj -s.IX –  en Poemas de Amor Divino)

La aurora del Bien-Amado
se ha levantado durante la noche.
Resplandece y su resplandor no tendrá crepúsculo.

Si la aurora del día se levanta durante la noche,
la aurora de los corazones no se extinguirá jamás.

Los siguientes textos insisten en la misma idea: que la revelación que es el conocimiento silencioso es clara y oscura a un tiempo. Son textos del maestro hindú Sri Nisargadatta Maharaj. Nisargadatta no utiliza un lenguaje simbólico sino que utiliza expresiones conceptuales y no teístas.

9. de la obra “Yo soy Eso” de Sri Nissargadatta

(El absoluto,) el origen, oscuro en sí mismo,
aunque hace brillar todas las cosas.
Imperceptible, causa la percepción.
No es sentido, pero causa el sentimiento.
Impensable, causa el pensamiento.
No siendo, da nacimiento al ser.
Es el fondo inmutable del movimiento.
Cuando se reside en él, se está gusto en todas
partes.

No eres lo que crees ser.

No eres nada de lo que puedas ser consciente. (Nisargadatta)

En la luz no hay nada.
Y eres sólo luz. (Nisargadatta)

10. Relato del Nacimiento del Evangelio apócrifo del Pseudo Mateo

Pasado algún tiempo, un edicto de César Augusto ordenaba que todo el mundo debía empadronarse en su lugar de origen. Cirineo, gobernador de Siria, hizo ejecutar el edicto. José se vio pues obligado a ponerse en camino con María, su esposa, hacia Belén, pues era originario de esa ciudad, descendiente de la tribu de Judá, casa y patria de David. Estando de camino, llegó el momento del parto. Entonces se les apareció un ángel con espléndidas vestiduras. El ángel le dijo a Maria que descendiera de la mula y que se adentrara en una cueva subterránea cercana, en la que siempre había reinado la más absoluta oscuridad. Ni un solo rayo de luz había entrado nunca en ella pues el sol no alcanzaba a penetrar en la hondura. Pero, en el mismo momento en que Maria entró, el recinto resplandeció, inundado de luz, como si el sol estuviera brillando en su interior. Aquella luz divina dejó la cueva iluminada como la luz del mediodía. Y mientras María permaneció en el interior de la cueva no disminuyó la luminosidad. Y fue así como dio luz a un niño y los ángeles le adoraron diciendo: “Gloria Dios a las alturas y a la tierra paz a los hombres de buena voluntad” .
(Evangelio del Pseudo Mateu 13,2 )