Marià Corbí El poemario El encuentro de Marià Corbí se presenta como una meditación lírica y existencial escrita desde la conciencia de la vejez y la inminencia de la muerte. A través de una sucesión de poemas breves, el autor articula una indagación radical sobre el sentido de la existencia, el misterio del ser y la relación entre vida, muerte y absoluto. El eje central de la obra es la noción de “misterio”, entendida no como un enigma que deba resolverse, sino como la realidad última que envuelve y constituye todo lo existente. Corbí insiste en que nada es obvio ni cotidiano: todo, desde la naturaleza hasta la propia conciencia humana, es expresión de una profundidad insondable. Esta intuición atraviesa el libro y se manifiesta en la contemplación de paisajes, estaciones, animales o fenómenos cotidianos, que aparecen como revelaciones de lo absoluto.
Sentires sobre la vida y la muerte
Fragmento del Prólogo de Sentires (Bubok, 2013). Toda reflexión sobre los fenómenos axiológicos humanos termina enfrentándose a la gran cuestión de la vida y la muerte.
En las páginas que siguen se habla mucho de la muerte, pero no como la mayor calamidad que le puede ocurrir a un viviente. La muerte es la gran reveladora del misterio de la existencia humana y de toda existencia. Pero para que la muerte se manifieste como la piadosa desveladora de ese misterio y como amiga de la maravilla de este esplendoroso mundo, hay que tomarla con toda su brutal dureza, sin ninguna mitigación.
La muerte y la belleza de la dulce vida no son enemigas sino hermanas y aliadas; son las dos caras de lo real y así se manifiestan.
Escucha una muestra:
Poemas con Mozart
Poemas con Horacio Curti
Mi destino
Mi corazón es mano
que acaricia los montes,
los cielos nunca iguales,
las noches estrelladas,
los valles y los campos,
los hombres y mujeres,
los grillos y las ranas,
los cipreses enhiestos.
Y mi mente despierta,
lúcida de sí misma,
es sólo una pregunta:
¿qué es todo este esplendor?
Ya es hora de morir.
¡Ya cumplí mi destino!
¿Qué queda?
Se disuelve el cuerpo,
y con él la mente,
el ego y su historia,
la persona toda.
¿Qué queda?
Eso que ya era
antes que naciera.
Eso inmenso,
impensable,
para un pobre
ser humano.
¿Qué hacer?
Nacer,
amar,
reconocer.
Nada más
que hacer.
Los árboles
Los árboles
no son tales,
sólo signos,
son palabras,
muy sutiles;
son ángeles,
buenas nuevas
del ‘Sin forma’.
Quien soy
¿Quién soy yo?
Punta de conciencia
del gran universo,
sobre el cosmos mismo.
¿Cuál es mi destino?
Es reconocerle.
¿Reconocer qué?
Esta inmensidad;
ella desde ella,
el Ser desde el Ser.
La doble casa
Soy los montes azules,
amanecer y ocaso,
luminosos,
y las noches oscuras
tenebrosas,
que desvelan galaxias
asombrosas.
Mente pura del cosmos
para el cosmos.
Soy tierra de la tierra,
como el cuervo y la mosca,
animal ignorante,
sin saberlo.
¿En qué mansión vivir?
¿Ignorancia
o conciencia?
Fin de año
Año que pasa.
¡Qué poco queda
para el regreso!
¿Regreso?
Completo
donde ya estoy,
aunque lo olvido.
¿Gozo o es pena?
Pena, dormido.
Gozo, despierto.
