Marià Corbí A un viviente que tiene un doble acceso a la realidad se le plantean dos posibilidades: una es hacer todas las construcciones culturales apoyados en nuestra condición necesitad y, por tanto, en la autorreferencia a nuestra condición de vivientes, lo cual supone que hacemos las construcciones y su gestión desde nuestra egocentración que, por las dificultades que se presentan se transforma en egoísmo. La otra posibilidad, apoyamos todas nuestras construcciones culturales en la experiencia de DA de nuestra condición humana. La humanidad, en toda su historia ha fundamentado todos los rasgos de la cultura y sus construcciones al servicio de nuestra condición de individualidades necesitadas movidas por el ego, sus necesidades y sus deseos. Desde ese individuo necesitado y egoísta se construyeron todos los tipos de organizaciones sociales, todos los colectivos, los países, etc. Toda la realidad de la tierra está ahí a nuestro servicio, dispuesta a nuestra explotación.
La auténtica cualidad humana no es buscar la salvación.
Quien busca salvarse no ha comprendido con claridad lo que es el camino al conocimiento silencioso, lo que es el camino espiritual.
Quien obedece para salvarse; quien se sacrifica para salvarse no está dispuesto a morir a sí mismo, a desaparecer por completo para poder conocer “al que es”, al Único.
Quien busca salvarse huye de las ruinas completas. No comprende que sólo hay salvación cuando no hay nadie a quien salvar.
Mientras se busque la salvación se permanece en la dualidad. Cuando se ha comprendido que no hay nadie a quien salvar, se sale de la dualidad.
