CETR Las imágenes más icónicas de la Tierra desde el espacio provienen del programa Apolo y ahora, más recientemente, de las imágenes realizadas por la misión espacial de Artemis II. Una de esas primeras fotografías tomadas por el astronauta Harrison Schmitt del Apolo 17 se denominó La Canica Azul; una foto que simboliza lo que el escritor Frank White llamaría "efecto perspectiva" y que es definido de la siguiente manera: "Un sentimiento místico de profunda concienciación que sienten muchos de los que han experimentado vuelos espaciales y han podido ver la totalidad de nuestro pálido punto azul de una sola vez".
Nuestra condición animal y el tiempo-espacio.

Intentamos reflexionar sobre todas las consecuencias de nuestra condición de animales necesitados, de depredadores.
¿Cuál es la relación entre nuestra condición animal y la aparición del tiempo-espacio?
Los animales necesitados, para poder satisfacer nuestras necesidades hemos de modelar toda realidad en el tiempo-espacio. Concebirse como animal viviente supone que me concibo como una individualidad frente a un mundo de individualidades en el que he de satisfacer mis necesidades. Tener que suponerme como un individuo frente a un mundo exige que conciba esa realidad como una contraposición en dualidad. Tengo que suponer dos espacios diferentes, yo no me confundo con aquello que necesito y que he de conseguir. Para esta operación tengo que pensarme como desplazándome en un espacio y en un tiempo. Por consiguiente, para poder realizar mi depredación, he de desplegar un tiempo-espacio. Tengo que darlos ahí como existentes, de lo contrario no sería posible mi sobrevivencia.
Nada puede contradecir esa interpretación imprescindible. Preciso extender ese tiempo-espacio a todos los seres. Extiendo un espacio y un tiempo donde me sitúo a mí y a todos los seres que me rodean.
Las estaciones de la naturaleza son una sucesión que extienden un tiempo en un espacio. Igualmente, el movimiento de sol y la luna y de todos los astros extienden un inmenso tiempo-espacio.
Toda la vida humana es como un corto tramo de tiempo en un espacio.
Para poder sobrevivir, medimos esas sucesiones y damos las mediciones como algo real, como algo ahí, fuera de mí. Sin embargo, por las consideraciones que hemos hecho, el tiempo y el espacio son proyección necesaria de nuestra condición de necesitados; el tiempo no es una entidad real, ni el espacio tampoco. Modelamos nuestra realidad como situada en el espacio-tiempo y eso nos da pie a leer los procesos de la naturaleza y de los astros como situada también en el espacio-tiempo.
¿Interpretaríamos los procesos de la naturaleza y los procesos de los astros como situados en un espacio-tiempo si no necesitáramos proyectar esas dimensiones para sobrevivir como animales necesitados?
Podríamos hablar del espacio y el tiempo como supuestos a priori de la sensibilidad, aproximándonos al lenguaje kantiano.
La flecha del tiempo, el hecho de que el tiempo siempre vaya hacia delante, sin posible marcha atrás, podría también ser expresión de nuestro hecho fundamental, ser seres necesitados. Tenemos que concebir nuestra actuación como una causa cuyo efecto es la sobrevivencia. La marcha de la sobrevivencia va siempre hacia delante, no puede invertir la marcha e ir hacia atrás; desde adultos no podemos volver a nuestra infancia.
Las metalenguas científicas, como las matemáticas, la astronomía, pueden hacer muchas afirmaciones sobre el tiempo-espacio gracias a esas ciencias que, sin embargo, son modelación. No se puede llegar a esas afirmaciones sino desde sus metodologías, como que el tiempo-espacio puede deformarse por la fuerza de la gravedad.
Desde nuestra dimensión absoluta de humanos, que es nuestra verdadera realidad, no hay ni espacio ni tiempo con relación a ningún ser, todos somos el misterio de los mundos, sin diversidad, ni dualidad, ni pluralidad ninguna. Todos somos perfecta unidad, sin individualidad, pero en diversidad.
