En el trànsit que estem patint: passar de les societats agràries i agrari-autoritàries i industrials, a les societats de coneixement, no es pot esperar que les generacions joves puguin crear, per si mateixos, els trets adequats a les noves necessitats culturals: el nou funcionament de l'economia, unes noves estructures socials, els nous projectes axiològics col·lectius corresponents al creixement continuat i accelerat de ciències i tecnologies, corresponents a les noves formes de coneixement, i a un cultiu convenient de la qualitat humana i de la qualitat humana profunda avui. És a dir, que puguin generar els trets adequats a la creació contínuament accelerada de coneixements i tecnologies i a tots els trets culturals de les societats de coneixement. I creiem que no ho poden fer perquè són joves i no han tingut temps d'acumular tots els coneixements que es requereixen per a aquesta tasca. Qui haurà de fer aquesta tasca?
El sentit de la vida per als joves

No es aceptable abandonar a los jóvenes porque no se sabe qué decirles que sea aceptado por ellos, o porque les predicamos con un mensaje del pasado, que pensamos que es el único válido y que no aceptan.
Hay que buscar una solución urgentemente. Muchos no saben qué hacer y dan lo que tienen a personas que ya pertenecen al último tercio de la vida; a persona que, forzadas a alejarse de las formas tradicionales de la religión, por las transformaciones de las formas de vivir y de las culturas, todavía les restan no pocos elementos de la tradición. También estos están desamparados y sin ayuda. Quienes dedican su vida y sus esfuerzos a este tipo de personas hacen muy bien.
Sin embargo, hay que hacer un gran esfuerzo para encontrar una solución para las generaciones futuras, porque de ellas será el mundo, la cultura, la espiritualidad y todo.
La cuestión se plantea con la pregunta: ¿cómo ayudar a los jóvenes, no a que sean creyentes, que no pueden en las nuevas condiciones culturales, sino a que tengan una experiencia explícita de la doble dimensión de la realidad?
Lo primero que se nos ocurre es que se vuelvan a las cosas, las personas y la naturaleza buscando su hondura, esa hondura que es una presencia sin forma, pero clara, que proporciona el sentido de la vida. Un sentido que no es una clara direccionalidad de nuestra vida cotidiana, sino algo más sutil, profundo y sin forma.
Para conseguirlo tendrán que ponerse frente a esas realidades que hemos mentado, sin pedirles ni exigirles nada, en el mayor silencio de mente y corazón posible, un rato un poco largo, para atender a lo que dicen las cosas, hablando de una presencia honda en ellas mismas.
Esa su presencia gratuita, porque sí, sin pretender nada, es su discurso, un discurso que da sentido a la vida.
Lo que dicen no son teorías, ni ideologías, ni promesas, lo que afirman da sentido a la vida. Eso que da sentido a la vida es una presencia silenciosa e indefinible, pero que pesa en el corazón.
El sentido de la vida es un sentir como el amor, no una explicación convincente. Es un sentir corporal de eso que está ahí, que se dice, si escuchamos.
No es encontrar qué pensar, ni cómo actuar, sino encontrar qué sentir.
Si los jóvenes descubrieran ese sentido de la vida, construirían un futuro adecuado para ellos y para la naturaleza.
Esto es lo que afirman todos los sabios de la humanidad.
Vamos a recorrer, brevemente, sus afirmaciones.
Los budistas, por boca de Lin-chi afirman que para comprender y sentir lo que dicen las cosas de su verdad, no hay que hacer ningún caso de los que predican que lo que dicen los misterios del cielo y la tierra son creencia, sumisiones y preceptos.
Si realmente no buscas nada para tu ego, no necesitas someterte a nada ni a nadie.
Si silencias al ego y sus exigencias, desaparecen los objetos como objetos de un sujeto. Entonces, tanto el sujeto como los objetos pierden su individuación. Si eso ocurre, quedan la mente y el sentir del supuesto sujeto sin individuación, como mente y sentir de nadie sobre el misterio del cosmos. Ese es el fruto de silenciar los deseos y los objetos de los deseos.
En esa actitud hay que volverse a los hechos, a las cosas, para indagar y escuchar lo que dicen. Ellas hablan, para llevarnos a la experiencia de su dimensión absoluta. Esa dimensión absoluta de la que hablan no es ni un sujeto, ni un objeto, es vacío de formas, pero convincente, sin que sepamos cómo.
Eso es lo que hay que experimentar en toda realidad: su vacío de entidad propia capaz de hacernos vivir lo que está vacío de toda posible figuración.
Eso es lo que predican los budistas a las nuevas generaciones: volverse a las cosas, desnudos, silenciosos, para que nos hablen y podamos experimentar el misterio, informulable y claro como ninguna otra cosa, de todos los seres y los mundos inmensos.
El Corán ofrece una invitación y una orientación para el cultivo de la DA y también hace una oferta-imposición de un modo de vida para los árabes del siglo VII, un PAC. Reconocer la DA es central en las narraciones del Corán.
Afirma que todos los seres de los mundos son señales, signos de Allah.
Insistir en el monoteísmo es insistir en que el mundo de nuestras modelaciones no tiene otra entidad que ser puramente signos de Allah. Él es Único, las criaturas son solo signos de su realidad y grandeza.
En la sucesión de la noche y el día, en todo lo que Allah ha creado en la tierra y en los cielos, hay, ciertamente, signos para las gentes que reflexionan.
Cuídate de los que desmienten los signos de Allah, si no serás de los que se pierden, dice el Corán. Para las SC, que no podemos tener el PAC que ofrece el Corán, nos queda reconocer los signos de Allah en todas las cosas.
Reconocer los signos de Allah es el corazón mismo del Corán.
El Corán nos exhorta a que miremos a todas las criaturas como gestos, señales, signos de Allah que es el Único.
Las Upanishad afirman que cada uno de nosotros es el misterio de los mundos inmensos. Ese misterio insondable eres tú. Tú eres la inabarcabilidad de ese misterio a pesar de todas tus pobrezas y miserias.
El dato indiscutible de la DA, accesible a todos los humanos, es la única realidad de todo.
El Taoísmo supone la experiencia básica y universal de la DA. No propone creencias, ni supuestos obligatorios, ni un PAC, ni un sistema de moralidad. Solo se ocupa de orientar hacia el Tao y solo al Tao. El Tao es el nombre que se da a la DA. No saben cómo nombrarlo, por eso le llaman Tao.
El Taoísmo solo exige ver la dimensión absoluta de todas las cosas, y confiar en ella, porque el Tao que es la realidad de todas las cosas, las conducirá adecuadamente si no nos metemos por medio, con el error de que somos actores frente a la realidad. Nos tomamos como una entidad real y tomamos las cosas como entidades reales.
La propuesta es que el Tao es la realidad de todas las cosas.
Jesús de Nazaret es el maestro claro y sutil, libre de doctrinas y de sometimiento a todo poder. Él nos enseñó que somos Eso, el Padre que no se puede concebir, pero sí vivir.
Su mensaje está libre de las formas jerárquicas en las que le envolvieron por causa del PAC en que vivió.
Él no nos invitó al sometimiento, sino a la indagación de la obra del Padre, Jesús no se presentó como nuestro señor, sino como nuestro hermano, para que conociéramos al Padre y para que conociéramos nuestra propia naturaleza.
Hemos verificado este planteo también en el Shivaísmo, en el Yoga, en el Zen y en los místicos cristianos y musulmanes. No exponemos aquí los resultados de estas indagaciones por amor a la brevedad de este texto.
Hemos podido comprobar que la enseñanza de las grandes tradiciones religiosas y de las grandes tradiciones espirituales, si se las desnuda del PAC de su tiempo en el que se expresan necesariamente, todas enseñan lo mismo, algo muy sencillo y muy simple: si nos volvemos al misterio de mundos, a todo lo que nos rodea en la tierra y en los cielos, si nos volvemos a los seres mismos que cohabitan con nosotros en la tierra, comprenderemos la realidad de todo lo que damos como realidad en nuestras modelaciones de vivientes: Eso, el Vacío de toda categorización nuestra, el Tao, Brahman, Dios, el Padre.
Comprenderemos que a lo que nos invitan no es a someternos a creencias, a someternos a instituciones jerárquicas, a verdades formuladas y reveladas, a religiones o a doctrinas espirituales; a lo que nos invitan es a volvernos a las cosas, a los seres todos, sin decirles qué nos tienen que comunicar. Nos enseñan que, si silenciamos al constructor de las modelaciones, imprescindibles a los vivientes, las cosas nos dicen su secreto: que no son ellas las que son y que tampoco nosotros somos, que lo que es es Eso que se dice en ellas, sin palabras, pero de manera inequívoca, clara, convincente, aunque sin que le podamos nombrar o representar,
Esa es la profunda enseñanza de todos los sabios del pasado. Eso es lo que debemos aprender a experimentar, directamente, inmediatamente, esa es la realidad de toda realidad, el resto son adherencias de los PACs propios de las diferentes formas de sobrevivir de unos vivientes en esta tierra.
Nosotros, en las SC que vienen, también tendremos un PAC, pero ni jerárquico, ni de sumisión, un PAC que no podrá tener la pretensión de describir la realidad, porque lo tendremos que cambiar con frecuencia.
Ese nuevo PAC nos fuerza a comprender que no tenemos acceso a la descripción de la realidad tal como ella es; que lo que damos por realidad es solo nuestra modelación propia de unos vivientes, forzados a sobrevivir en sociedades creativas de innovación continua y acelerada en todos los aspectos de nuestra vida.
‘Eso’ se dice en todas nuestras modelaciones. Y lo que se dice es experimentable, nada que creer a lo que someterse. Y se dice de manera cierta y convincente, porque sí, gratuitamente, no hay ninguna razón para que se diga, pero se dice, para quien aprende a escuchar.
Esa verdad está ahí, a disposición de quienes sepan reconocerla. Es una verdad que no pide nada, que no impone nada, pero que tiene inmensas consecuencias para los que la viven, sean individuos o colectivos.
Hasta aquí ha sido una exposición teórica con voluntad práctica, pero aún demasiado teórica. Ahora pretendemos bajar a la práctica, lo más posible.
Los jóvenes se encuentran sin sentido hondo de la vida. No les sirven las religiones, ni las ideologías, solo les queda la preocupación por conseguir una especialización laboral, un trabajo -cosa nada fácil-, y una casa para poder formar una familia. Ellos son conscientes de esta situación y la sufren, y saben, oscuramente que hay la posibilidad de dar sentido a sus vidas, ese es un saber que apenas lo tienen reconocido, pero todos, en un momento u otro, han tenido el vislumbre de ese sentido hondo de la vida en este mundo magnífico e inmenso en el que viven, pero tienen bloqueados todos los caminos para poderlo explicitar y cultivar.
La desnudez en que se encuentran es una gran ventaja, si alguien les dijera cómo aprovechar esa ventaja.
Viven con dolor que todo se les está cayendo. Lo que les trasmiten sus mayores no lo pueden asimilar; la religión ya se hundió para ellos, no le dan tampoco credibilidad, no quieren saber nada de ella; se desentienden, en su mayoría, de las propuestas políticas, porque les suenan a ficticias, no adecuadas; su futuro profesional y familiar lo ven oscuro, casi imposible; viven una situación muy dura a la que no le ven salida.
Nada se les mantiene en pie.
Lo que les ofrecen sus mayores es algo que no es adecuado a sus circunstancias, algo que funcionó en el pasado, pero que a ellos no les funciona. Les están invitando a lo que no pueden adoptar, porque en sus circunstancias culturales sienten que es completamente inadecuado. Les llaman a la sumisión, y ellos sienten que lo que deben hacer es ser libres y creativos.
Lo que aquí proponemos es volverse a las cosas, al misterio y maravilla del mundo en que viven, que es tomar conciencia de su situación en esta inmensidad de mundos, de la riqueza, variedad, belleza y maravilla de todo lo que nos rodea. Eso posibilita la experiencia de que todo eso que está ahí frente a nosotros y que nos incluye a nosotros mismos, está simplemente ahí, porque sí, sin relación con nuestros intereses y necesidades. Eso de ahí, incluidos nosotros mismos, es absoluto en el sentido de que es perfectamente autónomo de toda referencia a nosotros. Nosotros mismos somos eso de ahí, nadie venido a este mundo -desde no se sabe dónde-, a esta inmensidad.
Esta experiencia, por sí sola, da un sentido hondo a nuestra existencia humana, porque nos sitúa en ese gran misterio que es que la cosas sean, porque sí, gratuitamente. Ese sentido, hijo de una experiencia honda y básica de nuestra condición, relativiza todo el mundo que construimos para poder sobrevivir en el planeta.
Si poseemos ese hondo sentido de la vida, poseeremos serenidad y tranquilidad para manejar todos los asuntos humanos. Adquirimos una cualidad profunda humana que permite afrontar y resolver mejor todos los problemas que genera nuestra sobrevivencia individual y colectiva.
Nadie tiene por qué creer lo que intento formular, porque puede experimentarlo por sí mismo. Quien intente verificar lo que digo, no será el primero en embarcarse por este camino, son muchos los que han hecho esta experiencia y han dado testimonio de ella y estos testimonios vienen de muy lejos en el tiempo y se han dado en todos los tiempos y en todas las culturas.
Cuando afirmo estas cosas, no estoy esperando ninguna ventaja para mí, ni conducir a ninguna religión, sistema de creencias o sumisión a nada.
Como está la juventud, es como estará el mundo y la cultura de mañana. Por tanto, hemos de concluir con firmeza: esto no puede continuar así, tiene que haber una solución a mano, asequible y sencilla.
Hemos llegado a posibilitar una experiencia del misterio de todo, nosotros incluidos, desnuda de toda sumisión, que no tiene que pagar peaje a ninguna religión, a ninguna gran tradición. No tenemos que pagar peaje a ningún PAC del pasado que, como residuos, más o menos, están activos en la sociedad, y que todavía nos exigen sumisiones.
Es cuestión de solo experimentar directamente, inmediatamente, el misterio de todo lo que hay, el misterio de los mundos inmensos y radicalmente próximos, e incluso íntimos. El nuevo tipo de sociedades nos exige que, en esto, como en todo, seamos libres del pasado y creativos. Gracias a esta desnudez y libertad podemos escuchar a los que hablaron de esta experiencia en el pasado, y les escucharemos desnudos de sometimientos, pero sumamente atentos a cómo ellos vivieron y expresaron esta vivencia que nosotros, hoy, intentamos verificar y expresar.
Si lo vivimos como una vuelta a la maravilla de todo, en total desnudez, sin sumisión a ninguna fórmula del pasado, pero respetuosos y atentos a cómo nuestros antepasados lo vivieron en sus circunstancias de sobrevivencia, nuestra propuesta puede ser una gran sacudida y una ayuda radical a la crisis cultural que estamos viviendo.
Solo volverse al misterio que nos rodea y a lo que nosotros mismos somos, desnudos, libres, sin sumisiones para experimentar lo que todo eso dice de sí mismo y de nuestra propia existencia. Volverse a la dimensión absoluta de todo existir, desde la dimensión absoluta de nuestro propio existir.
Es imprescindible comprender que este es el mensaje continuo y constante de todas las tradiciones religiosas y de todas las corrientes espirituales, cuando se despoja a las realidades de la envoltura de los PACs.
Volverse con interés y en silencio a todos los seres del universo y a nosotros mismos como seres de ese universo, para escuchar con mente y sentir qué dicen cuando callamos lo que les hacemos decir.
Ver solo Eso desnudo de todo.
Ese es el inmenso don que vemos y comprendemos gracias a las SC.
