CETR Este mes, un grupo de monjes budistas culminó una peregrinación de 3.700 km desde Texas hasta Washington, D.C., después de 108 días de caminata, con el propósito de promover la paz, la atención plena y la unidad en un contexto de creciente polarización social. Durante el recorrido recibieron el apoyo de diversas comunidades y atrajeron una amplia atención pública. La llegada a la capital estuvo marcada por una ceremonia interreligiosa en la Catedral Nacional de Washington, donde líderes de distintas tradiciones se unieron para destacar la importancia de la compasión, el diálogo y la convivencia pacífica.
El esplendor de la nada
Caminar desnudo
Caminar desnudo,
escuchando el chasquido de la escarcha,
para llegar a nadie,
para llegar a nada;
como una desnudez que marcha y marcha,
viendo en el horizonte un gran atajo.
Caminar desnudo,
rodando en los caminos
igual que rueda un pedazo de esperanza,
sin sentirse extranjero en el silencio.
Caminar desnudo,
y caer en el suelo
como cae una hoja de retama en la cuneta;
como cae la tormenta,
que sólo saber ser tormenta.
Llueve sobre la misma lluvia,
que abre nuevos surcos,
dejando a la intemperie,
las perlas de hondas cicatrices de la tierra.
Caminar desnudo,
y abrirse al silencio
cuando han quedado atrás
el tiempo, la palabra, el pensamiento…
Caminar desnudo,
caminar, caminar y caminar…
hasta que el aire
pulverice tus límites,
y la lluvia
te vaya haciendo permeable,
y el viento te arranque del tiempo,
hasta hacerte transparente.
(Rafael Redondo Barba)
Observa
Observa
el temblor de las formas
que emergen del Silencio.
Escucha,
poniendo tus oídos en la tierra,
el pulso cadencioso de sus fibras,
tejido en la hilatura
de la audacia seductora de la Vida.
Observa,
el amor entreverado en la materia,
cuán lentamente late en los latidos
de su más profunda arteria
envuelta en la techumbre de los cielos.
El alba, hipnotizada de silencio,
despierta a la gran luz resucitada.
Como si la Naturaleza, inmóvil,
se dejara habitar por lo inaudible.
El fresco corazón de la Materia
palpita en cada forma estremecida,
y, grávida, la tierra va extendiendo
los pliegues de sus alas incendiadas.
Estallan las primeras claridades
y de sus hondos senos, como un ascua,
se alza la meseta amanecida.
(Rafael Redondo Barba)
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Ser Nadie es respirar todos los vientos,
ser Nadie, es escuchar todos los sonidos;
Ser Nadie es estar a la intemperie
de la sombra y de la luz,
de la muerte y de la vida.
Ser Nadie es vibrar
en todas las posibles oraciones
de todas las posibles religiones.
Ser persona verdadera es ser todas las personas
(Rafael Redondo Barba)
(selección de: Rafael Redondo Barba. El esplendor de la nada. Bilbao, Desclée de Brouwer, 2010. 267 p.)
