Marià Corbí A un viviente que tiene un doble acceso a la realidad se le plantean dos posibilidades: una es hacer todas las construcciones culturales apoyados en nuestra condición necesitad y, por tanto, en la autorreferencia a nuestra condición de vivientes, lo cual supone que hacemos las construcciones y su gestión desde nuestra egocentración que, por las dificultades que se presentan se transforma en egoísmo. La otra posibilidad, apoyamos todas nuestras construcciones culturales en la experiencia de DA de nuestra condición humana. La humanidad, en toda su historia ha fundamentado todos los rasgos de la cultura y sus construcciones al servicio de nuestra condición de individualidades necesitadas movidas por el ego, sus necesidades y sus deseos. Desde ese individuo necesitado y egoísta se construyeron todos los tipos de organizaciones sociales, todos los colectivos, los países, etc. Toda la realidad de la tierra está ahí a nuestro servicio, dispuesta a nuestra explotación.
El ser como Vacío
El Vacío habita lo múltiple,
absorbe los opuestos, penetra en toda forma,
nutre las diferencias.
En el despertar no cabe la elección,
estamos absorbidos en lo Uno
para manifestar lo Uno en nuestro gesto…
El despertar radica en lograr ser lo que en esencia ya éramos; la iluminación reside en ser la Unidad y caer en la cuenta de la verdad que se es. Pero ese acto consciente no emerge de una actividad exclusivamente racional, sino que abarca todo el espectro sensorial.
En el fondo, la verdad que se es, es estimulada por la verdad que se siente, una verdad vivida, que es de lo que se trata cuando hablamos de una verdadera experiencia: la sensación de ser. El Ser como Vacío. Allí, en ese lugar aespacial y atemporal, se genera el big-bang de las formas infinitas de lo múltiple. “En el Uno los dos no se distinguen, y cada cual contiene en sí la totalidad de las diez mil cosas” (el reino de lo múltiple) (Seng Can).
Abrirse a la experiencia del Ser, lector amigo, es el cambio más decisivo que se nos puede otorgar en la existencia. Supone tanto un viraje crucial como el comienzo de una transformación. La persona que haya caído en la cuenta de lo que supone ser su verdadero ser, comprenderá que toda la naturaleza, incluida la de su propia mente y de su propio cuerpo, se halla impregnada por el Ser que la envuelve. Estar despierto, es captar que no sólo es uno quien toma conciencia de la Vida, sino que es la propia Vida la que toma conciencia de sí misma a través de nuestra forma humana y se inaugura en cada acto creador.
VIVIR la Unidad, vibrar la paz de la Unidad, EL NO-DOS…
(en: Rafael Redondo Barba. El esplendor de la nada. Bilbao, Desclée de Brouwer, 2010. pgs. 142-143)
