Teresa Guardans

Práctica de meditación 24

 

Él es el ser de todo. Todo es en Él

La atención más y más desnuda, profundizando en el hecho mismo de existir conduce hacia la desidentificación del yo. En la medida en que cobramos noticia del Existir, en cada uno, se diluye la pantalla que lo esconde.
La propuesta de vivir la práctica como un vaciarse a sí mismo, ayuda a no caer en la trampa de convertir los ratos de silencio en ejercicios que todavía hagan crecer más el “yo”, la gran consideración que nos tenemos, etc.
En esta práctica proponemos algunos textos para la lectura meditativa. Cada uno de ellos puede ser objeto de la práctica de un día.

1. Recogimiento de la atención con ayuda de la respiración. Seguir el flujo del aire durante un rato, sin permitir otros pensamientos; sólo observar la respiración, que la conciencia del hecho mismo de respirar nos ocupe por completo.

2. Lectura pausada del texto elegido, hacérnoslo nuestro durante unos minutos. A continuación, polarizar toda la atención en una frase, en algún aspecto concreto del texto, con la atención alerta, como queriendo penetrarlo.

3. Repetir pausadamente alguna frase o expresión del texto.

Textos

De La nube del no-saber:

Él es el ser de sí mismo y de todas las cosas, y sólo se diferencia de las otras criaturas en que él es el ser de sí mismo y de todo. Es en todo y todo es en él y tienen su ser en él como él es el ser de todo” (124).

De Djalal-ud-din Rumi:

Cierto hombre llamó a la puerta de su amigo y éste contestó:
“¿Quién eres?”
“Soy yo” –respondió el amigo-.
“Márchate, en esta mesa no hay lugar para los crudos”
El desgraciado se marchó y viajó durante un año separado de su amigo, abrasado por las chispas del fuego de la ausencia y la separación. El quemado se coció y regresó ante la puerta de su camarada. Llamó con cien temores y respetos.
“¿Quién llama a la puerta?”
“Tú llamas a la puerta” –le respondió.
“Puesto que tú eres yo, entra, oh yo mismo. No hay sitio en la casa para dos “yos”

De Nisargadatta Maharaj:

Su interés por los demás es egoísta y orientado hacia sí mismo. No está interesado en los demás como personas, sino sólo en la medida en que ellos enriquecen o ennoblecen la propia imagen de usted mismo. Y el mayor egoísmo es preocuparse sólo de la protección, la conservación y la multiplicación del propio cuerpo. Por cuerpo quiero decir todo lo relacionado con su nombre y su forma: su familia, tribu, país, raza, etc. Egoísmo es estar apegado a la forma y el nombre de uno. Quien sabe que no es ni el cuerpo ni la mente, no puede ser egoísta, puesto que no tiene nada por lo que ser egoísta. O puede usted decir que es igualmente “egoísta” en nombre de todos; el bienestar de todos es su propio bienestar. El sentimiento “yo soy el mundo, el mundo es yo mismo” se vuelve muy natural; una vez establecido, simplemente no hay modo de ser egoísta. Ser egoísta significa codiciar, adquirir, acumular en nombre de la parte y en contra del todo.
P: ¿Por qué es selectivo el amor?
M: El amor no es selectivo, el deseo es selectivo. En el amor no hay extraños. Cuando ya no existe el centro del egoísmo, todo deseo de placer y todo miedo al dolor cesan; uno ya no está interesado en ser feliz; más allá de la felicidad está la intensidad pura, la energía inagotable, el éxtasis de dar desde una fuente perenne.
(Nisargadatta. Yo soy. Sirio. pgs. 674-675)