Sri Nisargadatta Maharaj

El conocimiento de sí mismo

(Bombay, 1897-1981)

Aprender palabras no basta. Puede usted conocer la teoría, pero sin la experiencia real de sí mismo como el centro del ser, del amor y de la bienaventuranza impersonal, el mero conocimiento verbal es estéril.  P: Entonces ¿qué debo hacer?

Pregunta: Estoy deseoso de aprender

– Aprender palabras no basta. Puede usted conocer la teoría, pero sin la experiencia real de sí mismo como el centro del ser, del amor y de la bienaventuranza impersonal, el mero conocimiento verbal es estéril.

P: Entonces ¿qué debo hacer?

– Intente ser, sólo ser. La palabra más importante es “intente”. Concédase suficiente tiempo cada día para sentarse en calma e intentar, simplemente intentar, ir más allá de la personalidad con sus aficiones y sus obsesiones. No pregunte cómo, pues no puede ser explicado. Sencillamente siga intentándolo hasta lograrlo. Si persevera no puede haber fracaso. Lo que importa sobre todas las cosas es la sinceridad, la seriedad; ha de estar harto y ver la urgente necesidad de liberarse de esa innecesaria autoidentificación con un conglomerado de recuerdos y de hábitos. Esa firme resistencia contra lo innecesario es el secreto del éxito.  (673)

Para conocer lo que es, primero tiene que investigar y saber lo que no es. Y para saber lo que no es, tiene que vigilarse a sí mismo cuidadosamente, rechazando todo lo que no concuerde con el hecho básico: “soy”. Las ideas como “he nacido en tal sitio” (…) y así sucesivamente, no son inherentes al sentido de “soy”. Nuestra actitud común es “soy esto”. Separe perseverantemente el “soy” de “esto” y trate de sentir lo que significa ser, simplemente ser, sin ser “esto” o “aquello”. Todos nuestros hábitos se oponen a ello y la tarea de combatirlos es larga y, a veces, pesada, pero un entendimiento claro ayuda mucho. Cuanto más claramente entienda que en el nivel de la mente usted sólo puede ser descrito en términos negativos, más rápidamente llegará al fin de su búsqueda y a realizar su ser ilimitado. abiendo lo que no es, llegará a conocerse a sí mismo. (102)

El propio hecho de la observación altera al observador y a lo observado. A fin de cuentas, lo que impide el reconocimiento de la verdadera naturaleza de uno es la debilidad y la torpeza de la mente y su tendencia a pasar por alto lo sutil y centrarse sólo en lo grosero. Cuando usted sigue mi consejo e intenta mantener la mente sólo en la idea “yo soy”, se hace consciente de la mente y sus caprichos. La conciencia en sí, siendo armonía lúcida (sattwa) en acción, disuelve la pereza y aquieta la agitación de la mente, y suavemente pero con firmeza cambia su misma sustancia. Este cambio no tiene por qué ser espectacular, tal vez apenas se note; sin embargo, es un giro profundo y fundamental, de la oscuridad a la luz, de la inadvertencia a la conciencia.

 

P.: ¿Tiene que ser la fórmula “yo soy”? Si me concentro en la frase “hay una mesa” ¿no servirá igualmente?

Como ejercicio de concentración, sí, pero no le llevará a usted más allá de la idea de una mesa. Usted no está interesado en mesas, lo que usted quiere es conocerse a sí mismo. Para lograrlo mantenga firmemente en el foco de la consciencia la única pista que tiene: su certeza de ser. Esté con ella, juegue con ella, examínela, profundice en ella, hasta que el cascarón de la ignorancia se rompa y usted emerja al reino de la realidad. (371-372) El “soy” se mantiene en el interior, como si se incubara (548).  Procure conservar el “soy” en la mente, sumergiéndose en ello. (85)

 

P: ¿En qué dirección debo mirar?

– ¡Todas las direcciones están dentro de la mente! No le estoy pidiendo que mire en una dirección particular. Sencillamente mire fuera de todo lo que sucede en la mente y llévela al sentimiento “yo soy”. El “yo soy” no es una dirección. Es la negación de toda dirección. (…) Llevar la mente al sentimiento “yo soy” simplemente ayuda a apartar la mente de todo lo demás.

P. ¿Adónde me conducirá todo eso?

– Cuando la mente se aquieta, si usted no altera esta quietud y se mantiene en ella, se dará cuenta de que está impregnada de una luz y un amor que no ha conocido antes, y al mismo tiempo lo reconocerá inmediatamente como la propia naturaleza de usted mismo. (…) La mente revoltosa puede alterar su paz y manchar su visión, pero esa quietud está condenada a volver, siempre que se mantenga el esfuerzo; hasta el día en que las fantasías y los apegos acaban y la vida se concentra en el presente. (…) y ya sólo hay amor en acción. (416)

 

(pequeña selección de: Nisargadatta. Yo soy Eso. Sirio, 2003)