Marià Corbí

¿Qué ofrecen las grandes tradiciones religiosas a las sociedades europeas del nu

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Segundo Encuentro en Can Bordoi del 28 de junio al 2 de julio de 2005

Partimos de la constatación de que se trata de sociedades que viven y se articulan sin creencias. Continúan estando formadas por hombres y mujeres con muchas opiniones y actuaciones a-críticas; pero ya no conservan interpretaciones, valoraciones, modos de actuar y organizarse que se tengan como absolutas, sea por Dios así lo reveló, lo estableció o porque lo haya fijado y establecido la misma naturaleza de las cosas.

Son sociedades en las que se sabe, con un saber más o menos lúcido pero siempre operante, que todo nuestro saber, nuestra forma de valorar, actuar, organizarnos y vivir, es creación nuestra, sometida a cambios continuos al ritmo de nuestras propias creaciones científicas y tecnológicas.

Son, por ello, sociedades laicas, es decir, sociedades que interpretan y valoran la realidad, trabajan se organizan, actúan y viven sin principios absolutos religiosos, y tampoco ideológicos; saben, mental y fácticamente, que todo puede o incluso debe cambiar al paso de las grandes transformaciones científicas y tecnológicas y al paso de las grandes innovaciones en productos y servicios que esos saberes provocan.

Son sociedades que no pueden aceptar la heteronimia en sus proyectos y modos de vida, porque saben que están forzados a ser los creadores de sus propias maneras de vivir cambiantes. Saben que están forzados a ser autónomos en todos los aspectos de su vida, tanto individual como colectiva.

A estas sociedades, las grandes tradiciones no pueden ofrecerles creencias. ¿Qué podrán, pues, ofrecerles? ¿Tienen algo que ofrecer que no sean creencias?. ¿Qué es ese algo que ofrecen que no son creencias?

Si no pueden ofrecer creencias, no pueden ofrecer ni soluciones para la vida ni para la muerte. Tampoco pueden ofrecer una ética absoluta de procedencia divina, ni menos una ética absoluta de procedencia divina y natural a la vez.

Sin creencias, las tradiciones no pueden ofrecer un sentido de la vida.

No ofrecen tampoco una filantropía orientada por principios revelados absolutos. También la filantropía tenemos que construírnosla nosotros mismos.

¿Qué es eso que ofrecen que no es creencia, ni formulación sagrada absoluta, ni soluciones para la vida, ni para la muerte, ni una ética y filantropía divina, ni un sentido de la vida para los individuos y los grupos?

Si lo que ofrecen no es una creencia, tampoco puede ser una formulación. Si no puede ser una formulación, no puede ser algo objetivable.
¿Qué es eso no objetivable que ofrecen las tradiciones? ¿Cómo pueden ofrecerlo? ¿Con qué procedimientos?

Si esta es la característica de la oferta de las tradiciones religiosas en general ¿en qué se diferencia la oferta de una tradición con respecto a las otras? ¿Qué ofrecen de peculiar cada una de las tradiciones? ¿En qué consiste esa peculiaridad?

Si lo que ofrecen es algo inobjetivable ¿cómo repercute en la calidad de los individuos, en la calidad de la vida de los pueblos, en su cultura, en la cohesión de los colectivos y en la equidad con respecto a los individuos y a los colectivos humanos?

Esta es la tarea que nos proponemos abordar en los “Encuentros Can Bordoi 2”

Estas son las dificultades de la espiritualidad en las sociedades occidentales europeas. Pero que a su vez son o serán las mismas dificultadas para todos los países, regiones o ciudades desarrolladas.

Difícilmente, nadie, a medio o largo plazo, podrá escapar de esas dificultades, aunque el crecimiento de los integrismos o de las sectas parezcan indicar otra cosa.

Asistentes:

Asistentes 2º Encuentro en Can Bordoi

Sentados en primer plano y de izquierda a derecha:

En segundo plano, de izquierda a derecha:

  • Marta Granés, profesora y coordinadora de CETR
  • Hernan Ingelmo, teólogo argentino
  • Mariano Corbí, epistemólogo y director del CETR
  • Montse Castellà, practicante del budismo tibetano, traductora de textos de esta tradición.

En la última fila, de izquierda a derecha:

Ausente en la foto:

 

2º Encuentro en Can Bordoi