Antoni Tàpies - José Ángel Valente

Vaig intentar arribar directament al silenci

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El 6 de febrer moria a Barcelona Antoni Tàpies, el pintor que “sentia l’obra d’art com a suport de la meditació”  –segons escrivia José Ángel Valente. Tàpies va reflexionar i escriure en diverses ocasions sobre la relació entre l’art i la recerca interior, art i silenci, art i indagació de l’absolut. Oferim aquí una selecció de textos extrets d’un petit gran llibre que inclou una conversa entre Valente i Tàpies, així com alguns escrits de tots dos. [Antoni Tàpies; José Ángel Valente. Comunicación sobre el muro. Ediciones de la Rosa Cúbica, 1998. 61 p.]

A.T. – Los pintores debemos mucho a la poesía, a la poesía y a la música…

J.A.V. – Ocurre que la materia original sobre la que trabajamos todos es la misma. Es esa materia en la que uno no sabe muy bien qué va a encontrar, esa materia oscura. De ella cada uno saca algo con los instrumentos de cada arte particular. […] En alguna tradición, aunque no nos sea muy cercana, como es la china, se dice que el poema es pintura invisible o sonora y la pintura es poema visible o sin palabras. […] Bruno dijo que la verdadera filosofía es tanto poesía como pintura. La verdadera pintura es tanto música como poesía, La verdadera poesía o música es tanto pintura como cierta divina sabiduría. Esto me parece que plantea de forma muy radical el principio de que toda creación parte de una misma materia.

A.T. – Este cuarto elemento, la divina sabiduría, es muy importante. A veces se interpreta mal, porque en una época tan materialista como la nuestra puede parecer un retorno a viejas creencias religiosas institucionales. Pero según cómo lo interpretemos puede ser algo muy actual.

J.A.V. – Te diría que ese elemento, por llamarle algo, sería el elemento sacro, que es absolutamente necesario en la creación de cualquier orden. Vuelvo otra vez a la imagen utilizada antes: el creador se mueve en mundos oscuros por donde va tanteando…

A.T. – Como un telón de fondo que no sabes si es sacro o profano, porque en el fondo no importa…

J.A.V. – …sí, lo que es sacro es la actitud, porque no estás operando con un procedimiento racional. Estás afrontando una realidad que desconoces con instrumentos que no se fundan en la razón…

A.T. – …que no se pueden explicar, que son mundos inefables…

J.A.V. – Creo que lo que los explica es la obra de arte.

A.T. – Intelectualmente es imposible. Puede haber un pensador que señale unas analogías o unos símbolos. Quizá algún teólogo un poco heterodoxo puede acercarse.

J.A.V. – […] Lo que se comienza por crear es la nada, y lo primero que tiene que hacer todo artista es tener el estado de disponibilidad que presupone un espacio vacío. El artista se hace vaciándose de sí mismo. Recurriría entonces a unos versos muy hermosos de Antonio Machado:

Dijo Dios: -Brote la Nada.
Y alzó la mano derecha
hasta ocultar la mirada.
Y quedó la Nada hecha.  

[…]

A.T. – Es algo que me ha interesado desde muy joven: no describir la nada, que es imposible, pero sí encontrar un mecanismo que por lo menos la sugiera al espectador. Es lo que intento hacer cada día, mi máxima aspiración artística.

J.A.V. – Tú has escrito: “Un día traté de llegar directamente al silencio”. Justamente ese silencio sería la nada, el lugar de la materia interiorizada. Creo que eso es lo que tú querías significar con esa idea…

A.T. – No es un capricho, es que debería comprenderse la importancia que tiene ese silencio.

J.A.V. – Por desgracia, eso no siempre se comprende. Entre nosotros, y en España, es un tema que ha sido mal enfocado. Tan pronto tomas determinado tipo de posiciones dicen: “Bueno ése es un místico”

A.T. – Se cree que ese estado, que también se puede calificar con una palbra que está muy denostada, el éxtasis, es quedarse colgado como una nube. Cuando la verdad es que se trata de un estado transitorio, y vuelves a la realidad y la comprendes mejor. y te hace ver más claramente la unidad universal de todas las cosas. Que la sociedad sepa que esto es útil, que debajo de todo esto hay un vacío que no es absolutamente nada. Sabiendo esto se estimula un espíritu más comprensivo y solidario entre los hombres y con la naturaleza.

[…] J.A.V. – Esa visión de la invitación de la pintura a entrar en un mundo que está más allá de las palabras es válida desde cualquier estética, pues es la aventura de la creación: ir más allá de las palabras. La palabra poética empieza justo donde el decir es imposible. Consiste en romper las fronteras de lo imposible …

A.T. – Y que te haga vivir, que sea una experiencia. Tú puedes sentir algo que te haga vivir esta última etapa de la realidad. Se cree que el poeta está describiendo una cosa, cuando lo que pretende es ayudar a sentir una vivencia.

 

* * *

 

 

Antoni Tàpies. Comunicación sobre el muro. –fragmento-:

Lejos del cliché que la gente se forma del artista, con todo su bagaje de necesaria originalidad, personalidad, estilo, etc., que hace que las obras hablen de puertas afuera, para el autor hay, ante todo, un núcleo de pensamiento más anónimo, colectivo, del cual sólo es un modesto servidor. Es seguramente la zona donde está depositada la sabiduría que en realidad se encuentra por debajo de todas las ideologías y las fatales contingencias del mundo. Es el impulso de nuestro instinto de vida, de conocimiento, de amor, de libertad, que ha sido conservado y vivificado por la sabiduría de siempre. Las formas en que se concreta, imprescindibles sin duda para la captación de sus mensajes, son el episodio obligado de las propias leyes de crecimiento que tiene el arte en cada momento dado. La imagen del muro, con todas sus innumerables resonancias, constituye, naturalmente, uno de estos episodios. Pero si alguna importancia tiene en la historia de los encadenamientos estilísticos, no puede ser otra que la de haber reflejado por un momento este patrimonio común que todos los hombres creamos en momentos de profundidad durante el curso de los siglos y sin el cual la cosa artística sería siempre superflua, banal, pretenciosa o ridícula. Y donde los estilos, las escuelas, las tendencias, los ismos, las fórmulas y los mismos muros no son, por sí solos, ninguna garantía de una expresión auténtica.

 

J.A. Valente. Cinco fragmentos para Antoni Tàpies. Selección:

 I

Quizá el supremo, el solo ejercicio radical del arte sea un ejercicio de retracción. Crear no es un acto de poder (poder y creación se niegan); es un acto de aceptación o reconocimiento. Crear lleva el signo de la feminidad. no es acto de penetración en la materia, sino pasión de ser penetrado por ella. Crear es generar un estado de disponibilidad, en el que la primera cosa creada es el vacío, un espacio vacío. Pues lo único que el artista acaso crea es el espacio de la creación. Y en el espacio de la creación no hay nada (para que algo pueda ser en él creado). La creación de la nada es el principio absoluto de toda creación.

El estado de creación es igual al wu-wei en la práctica del Tao: estado de no acción, de no interferencia, de atención suprema a los movimientos del universo y a la respiración de la materia. Sólo en ese estado de retracción sobreiene la forma, no como algo impuesto a la materia, sino como epifanía natural de ésta.

Y la materia para el artista no se sitúa nunca en lo exterior. Ocupa el espacio vacío de lo interior, el espacio generado por retracción, por no interferencia, donde 2-1 suele ser mayor que 2+1, según la ley de la adición negativa que Kandinsky, tan próximo, formuló.

Estado de creación y espacio de la creación. “Un día traté de llegar directamente al silencio”, escribe Antoni Tàpies. El silencio o la nada. El lugar de la materia interiorizada. ¿Lugar de la iluminación?

 

II

            Mucha poesía ha sentido la tentación del silencio. Porque el poema tiende por naturaleza al silencio. O lo contiene como materia natural. Poética: arte de la composición del silencio. Un poema no existe si no se oye antes que su palabra su silencio.

 

III

            Tàpies ha sentido explícitamente la obra de arte como “un simple apoyo de la meditación”. Su arte tiene, en efecto, la textura de la meditación. Pero esa larga y pura meditación en que la obra de Tàpies consiste desemboca por un proceso que le es connatural en formas cada vez más desnudas de contemplación, entendida ésta como estado en que la experiencia se configura ante todo como experiencia de la unificación. El arte de Tàpies es, en definitiva, una soberana contemplación de la materia. Presencia radical de la materia que llega a la forma, pero que es sobre todo formación: formas que se disuleven a sí mismas en la nostalgia originaria de lo informe, de lo que en rigor es indiferente al cambio y puede, por tanto, cambiarse por todo, ser raíz infinita de todas las formas posibles.

Tàpies ha sentido explícitamente la obra de arte como “un simple apoyo de la meditación”. Su arte tiene, en efecto, la textura de la meditación. Pero esa larga y pura meditación en que la obra de Tàpies consiste desemboca por un proceso que le es connatural en formas cada vez más desnudas de contemplación, entendida ésta como estado en que la experiencia se configura ante todo como experiencia de la unificación. El arte de Tàpies es, en definitiva, una soberana contemplación de la materia. Presencia radical de la materia que llega a la forma, pero que es sobre todo formación: formas que se disuleven a sí mismas en la nostalgia originaria de lo informe, de lo que en rigor es indiferente al cambio y puede, por tanto, cambiarse por todo, ser raíz infinita de todas las formas posibles.