Marià Corbí

Debilidad y agresividad humana

Foto Abstracta

Los humanos somos vivientes necesitados. Los deseos dan a conocer a nuestra mente y a nuestro sentir esas necesidades. Somos seres de deseos. Esos deseos, por causa de nuestro acceso a la DA de la realidad, son deseos siempre insatisfechos.

Todo deseo es simultáneamente un temor. El deseo y el temor son dos caras inseparables de la misma realidad: nuestra necesidad. Cuanto mayor y más insaciable sea el deseo, tanto mayor y más profundo es el temor. El temor es la raíz de la agresividad. Todos los animales cuando temen porque se siente amenazados, se tornan agresivos. La agresividad es mayor cuanto mayor es el temor.

Somos animales que vivimos en grupo porque somos animales simbióticos. Por consiguiente, muchos de nuestros deseos y temores son los propios del grupo. Los deseos del grupo son los temores del grupo y el fundamento de su agresividad del grupo.

Somos depredadores en grupo, como los lobos. Nuestras organizaciones fundamentales son organizaciones para la depredación eficaz. Todos nuestros diferentes sistemas de vida son diferentes sistemas de depredación. Los sistemas de depredación tienden a organizarse como sistemas de poder.

Por causa del temor se origina el ansia de poder. Por consiguiente, los sistemas de poder tienen su raíz en las necesidades, en los deseos que esas necesidades despiertan y, por tanto, en el temor que acompaña a esos deseos. De ahí se deriva que los sistemas de poder tiendan a tener en su seno una raíz de temor y de agresividad.

Por causa del deseo insaciable y del temor que, en la misma proporción le acompaña, se tiende a subordinar y, si es necesario, a eliminar o maginar a quienes sean dañinos o presenten una amenaza a los propios intereses, o resulten superfluos, innecesarios y no supongan una amenaza para esos mismos intereses.

Estos rasgos de nuestra condición humana nos advierten que los PACs de cualquier sociedad son PACs que coordinan, cohesionan y motivan para la depredación en grupo, según un modo concreto de sobrevivencia.

No debemos olvidar que los sistemas de vida que construyen nuestros PACs son, indefectiblemente, sistemas de depredación. Cuanto mayor sea nuestro instrumental para incidir en el medio y cuanto más amplias y sofisticadas sean nuestros modos de organización, mayor es la incidencia depredadora en nuestro entorno. Con las SC hemos llegado al extremo de estar ya dañando seriamente al clima de la tierra, a la vida en general y a las posibilidades de nuestra propia sobrevivencia.

En nuestros análisis y estudios sobre los PACs no hemos tematizado convenientemente estos rasgos que se derivan de nuestra condición de vivientes necesitados.

Los humanos somos unos frágiles animales terrestres a los que todo amenaza. Los temores que nos causa nuestra condición necesitada que se expresa en nuestros deseos, y la agresividad que esos temores motivan, nos atenazan. Las expectativas que esos deseos insaciables crean, acompañadas siempre por el temor y la consiguiente agresividad, nos hacen duros, crueles, inquietos e infelices.

La urgencia de la necesidad de sobrevivir día a día nos vela los ojos para ver todas las maravillas del mundo en que vivimos y nos sumerge en la ignorancia de nuestra propia condición.

Esa misma urgencia y el temor y la agresividad que provoca nos oculta la DA de la realidad, sumergiéndonos exclusivamente en lo que tiene que ver con nuestros deseos.

Las tecnociencias y sus capacidades de crear nuevos productos y servicios, puesto todo al servicio de las exigencias de nuestra ambición sin freno, nos están empujando a la destrucción de la tierra y de la vida y a la depredación inconsiderada de pueblos enteros, reducidos a la miseria.

Los márgenes de las formas de poder y de depredación quedan fuera del sistema y fuera de sus PACs y, por consiguiente, fuera del sentido de la vida que esos PACs proporcionan. Los marginados se quedan sin motivación.

Todo sistema de poder y depredación deja, inevitablemente, marginados de los sistemas de cohesión y, consecuentemente los deja sin valores, perdidos, pobres económicamente y en calidad de vida y en sentido de vida.

Esos marginados son de todas las edades, pero abundan más los jóvenes. Jóvenes que quedan completamente desvalidos y abocados al desastre, como personas y como colectivo.

Ningún marginado es culpable de su situación, y menos los jóvenes.

Las ciencias y las técnicas y las posibilidades que abren, manejadas por el egoísmo de individuos y pueblos, nos endurecen el corazón y nos ciegan los ojos para ver la verdad profunda de todo lo que nos rodea.

Independientemente de lo que lleguemos a poseer con nuestra depredación, la presencia siempre operativa de la DA, como constitutiva de nuestra condición humana, provoca siempre que nuestros deseos estén insatisfechos y que nos sintamos vacíos.

A causa de nuestra estructura con acceso a la doble dimensión, La relativa y la absoluta, nuestros PACs programan una depredación que tiende a no tener límites. A esa ambición le acompaña siempre el temor y la agresividad. Cuanto mayor es la ambición, mayor es el temor y la agresividad.

Nuestro acceso a la DA de la realidad tiene influencia en nuestros PACs. Dio consistencia, sacralidad e intocabilidad, en la larga etapa preindustrial de la humanidad; dio, por medio de la religión, un mínimo de CH a toda la población, y a no pocos les condujo a la CHP.

En las nuevas sociedades industriales, las SC, el cultivo de la DA podrá proporcionarles la CH y la CHP necesaria para poder gestionar el desarrollo continuado de las tecnociencias y sus consecuencias, en bien de la humanidad, de la vida en general y del medio.

La teoría y la práctica de la construcción de PACs tendrá que tener en cuenta temáticamente la condición necesitada y depredadora de cada uno de los individuos y de los colectivos humanos, con sus consecuencias inevitables de temor y agresividad.

La agresividad de los colectivos crece exponencialmente con el crecimiento de las tecnociencias; sólo el cultivo de la DA de la realidad, con sus consecuencias en la CH y en la CHP, puede compensar el continuo aumento del riesgo.