Marta Granés, Montserrat Cucarull

Comunicación de Montse Cucarull y Marta Granés – 6º Encuentro Internacional

LA ACCIÓN VISTA DESDE EL VEDANTA ADVAITA

a partir del Yoga Vasishta y Nisargadatta [1]

La propuesta del Vedanta Advaita es de conocimiento

La propuesta vedanta advaita es comprender la realidad real de lo que existe, en ello consiste la sabiduría.

La realidad real no es como un viviente la tiene que ver y dar por real para vivir: lo que existe no es como lo ve la mosca, el gusano o el hombre.

Los vivientes necesitan para sobrevivir una visión y una interpretación dual de todo: han de interpretarse como un sujeto de necesidades, diferente y separado del medio en el que viven y que para él es un conjunto de objetos donde satisfacer sus necesidades. También el hombre está sometido a esta ley general de los vivientes, su visión dual se convierte en su construcción.

Este mundo dual es el que genera dolor y sufrimiento, angustia y frustración, expectativas y temores.

Lo que vemos y sentimos y damos por real cualquier especie de viviente no es lo que aquí hay. La realidad real es lo que aparece cuando se ve el mundo tal cual es, no como el viviente interpreta que es.

La realidad que nos rodea, y que nosotros también somos, está vacía de las dualidades que crea la necesidad. No hay divisiones de sujetos y objetos. Lo que realmente hay es nada de esta construcción.

Cuando se vacía la realidad de construcciones, formas, caracterizaciones y concepciones creadas por los vivientes lo que aparece es conciencia pura. Esta es nuestra verdadera naturaleza y la de toda la realidad.

La propuesta del vedanta es llegar a comprender a través del razonamiento que todo es conciencia pura. Con la mente se destruye lo que la mente de un viviente necesitado ha construido. Eso conduce al silenciamiento de las construcciones de la mente, provocando la aparición de la intuición. La percepción y el sentir se transformarán porque se habrán vaciado de interpretaciones. Entonces se puede tocar con todas nuestras facultades eso no dos que todo es.

Por tanto la propuesta del vedanta es de conocimiento, y el conocimiento de la verdad es liberación.

Caracterización de la acción resultante del conocimiento de la no-dualidad

La acción es inevitable para los vivientes, es imprescindible para vivir. Pero esta no debe perjudicar el conocimiento sino favorecerlo.

La acción correcta debe partir desde el seno de la no dualidad. Quien está asentado en la no dualidad, su conocimiento, amor y energía no serán relativos a nada ni a nadie sino completos, absolutos porque no hay rastro de ego [2] . Y su acción tampoco tendrá al ego como actor, se desarrollará a nivel de absolutos.

Justamente porque no hay ego interfiriendo, su acción/proyecto será sin expectativas de resultados, sin deseo. Resultará una acción sin querer nada. Una acción sin exigir garantías de éxito, sin segundas intenciones, totalmente limpia. Sin rastro de ego no se vive de la acción ni de su resultado, tampoco de la identificación con la acción o proyecto. La certeza reside en uno mismo haciendo pié en el absoluto que uno mismo es. Solamente desde ahí la acción será perfecta.

La acción de quien está asentado en la no-dualidad no es voluntarista porque no tiene un programa de propósitos a alcanzar con el que se identifique. No se trata de esforzarse, ni de luchar contra uno mismos ni contra el mundo, lo únicamente necesario es no aferrarse al ego. En la no-dualidad todo es conciencia, todo está bien. Eso es fuente de libertad y cualidad.

Los que conocen la no dualidad se caracterizan por ser pacíficos, fríos (su ego no está implicado) y tranquilos, ellos irradian alegría. Para quien ve la realidad como conciencia única todo es correcto porque todo está penetrado y rodeado de conciencia. Cuando el yo no existe como yo, en el corazón no aparece deseo de placer ni de liberación. Quien comprende profundamente “yo no soy, el mundo no es” no desea nada ni incluso la liberación. Desde aquí no hay motivación para la acción. Si todo está bien tal como viene, entonces no hay que llegar a ninguna parte, no se precisa triunfar, ni conseguir nada, ni ir contra nada. La compasión va a desencadenar la acción.

Quien conoce que todo es conciencia queda libre de agitación y permanece en paz. No está interesado en hacer nada ni obtiene nada haciendo o dejando de hacer ninguna cosa. Nada tiene importancia, ni el deseo, ni esta verdad ni aquella, ni la falsedad, ni el ser ni ninguna cosa, ni la vida ni la muerte.

Aceptar la realidad tal como es, tal como viene es no pelearse con ella y a partir de ahí se hace posible el amor incondicional. Quien acepta la realidad tal cual es abandona todo intento por amoldarla a como uno piensa o querría que fuera. Así adquiere la fluidez máxima.

Amor y compasión son la naturaleza de quien conoce todo como conciencia pura. Y esa unidad en acción, es amor. El conocimiento precede a la acción, y la acción, a su vez, lleva a un mayor conocimiento.

 

Desde este conocimiento ¿cómo tratar la injusticia social, el mal, la desigualdad, el sufrimiento social?

Para cambiar el mundo cámbiate tu ya que tu cambio afectará a lo demás, de lo contrario la acción surgirá del pensar y sentir egocentrado. Lo principal es conocer qué es la realidad y qué soy yo, lo principal es el conocimiento. Sin ego no hay obstáculo para que lo que no es nuestra construcción de animales necesitados se muestre como lo que es, lo único que hay, como el único actor actuando. Quien partiendo del conocimiento de lo que Es, discierne y es lúcido, no puede actuar mal. Una acción con estas características será sumamente sutil.

La acción que se genera desde el olvido de uno mismo será limpia, justa, adecuada porque no hay ningún impedimento para que no lo sea. El mundo mejora porque uno ha mejorado. Delante del sufrimiento y la injusticia, la compasión que es la naturaleza del individuo sabio, es la que despertará la acción (porque quien no está egocentrado siempre reacciona frente quien sufre) La completa compasión, que es la total pasión por todo, solo es posible, cuando no hay rastro de ego interviniendo.

La lucha por la justicia será camino de conocimiento siempre y cuando se cumplan los requisitos ya citados: sin ambición de resultados, sin deseo, estando dispuesto al fracaso, evitando condicionar la acción para que resulte exitosa, sin segundas intenciones, sin buscar certezas. Si se cumplen estos requisitos entonces uno puede actuar en cualquier dirección y la acción será correcta. Aquello que importa es cómo se hace la acción no la acción misma. No es importante qué se hace sino de dónde surge la acción. Sólo así la acción es verdaderamente más eficaz.

Incorporarse a un proyecto es compatible con el conocimiento propuesto cuando se hace desde la total desprotección o desnudez, si uno se mantiene vulnerable, sin reservas, si no se está buscando no estar solo, si uno se mantiene abierto a la vida tal como viene, sin esperar nada, ni material ni espiritual. La acción lleva al conocimiento si se ha abandonado cualquier intento de ganancia. Se va a necesitar lucidez para eliminar dobles intenciones.

En el camino del conocimiento aquello que se tendrá que sutilizar es el actor y no la acción. Mientras se mantenga que uno es alguien haciendo alguna cosa, no habrá acceso a la vía del conocimiento. Mientras haya alguien, el ego se está protegiendo y impidiendo el acceso a la no-dualidad. Desde un individuo en esta posición la acción no podrá ser la adecuada porque está interfiriendo el paquete del ego. Realizada la radical desegocentración no queda nada más por hacer. En este momento será la compasión el motor que movilizará la acción.

Cuando desaparece la distancia entre mundo y yo porque se ha disuelto el yo, entonces mundo y yo no somos dos. Desde aquí la acción será siempre beneficiosa. Solo desde el no ego se pueden resolver adecuadamente los problemas.

La acción para arreglar injusticias, por sí misma, no lleva al conocimiento, dicho de otra manera, de por sí no tiene nada que ver con la espiritualidad. Puede darse con completa ausencia de espiritualidad.

La preocupación por los otros, por sí misma no modifica el considerarse uno mismo y considerar a los demás como individualidades y por tanto no conducen al conocimiento de la no-dualidad.

La fuente de dolor no es externa sino interna, surge de considerarse una individualidad que es un paquete de deseos y temores. Por ello la acción más importante a llevar a cabo es trabajar para que las personas abandonen su identificación con su individualidad. Cuando todo se ve como el juego de la conciencia única en la que no hay individualidades, se termina con la angustia psicológica.

La no dualidad implica compasión que despierta la acción. Si no condujera a la acción deberíamos revisar la comprensión de la no dualidad. En el proceso hacia la acción lo primero es adquirir visión/conocimiento y después actuar, una postura totalmente contraria al voluntarismo filantrópico en el que primero es la acción autoimpuesta y después el conocimiento. Querer ser lo que no se es, compasivo por voluntad o sentimentalismo, lleva al desastre.

Teniendo en cuenta que el punto de partida hacia el camino de conocimiento es siempre egocentrado, el criterio para la acción no debe pasar ni por uno mismo ni por los otros, solamente por la acción misma: si es digna de hacerse, se hace. Se debe huir de la acción como medio para un fin en el que el ego esté implicado, ya que con ello se instrumentalizaria personas y cosas para finalidades ajenas a ellas mismas. La acción debe ser realizada por ella misma y sin relación con una causa y un resultado. Así la acción resulta sumamente creativa y eficaz.

Para adquirir la sabiduría y convertirse en amor sin condiciones hay que no se trata de arreglar el mundo ni material ni espiritualmente. Desde el no-dos no hay objetivos a alcanzar pero sólo desde ahí arranca la verdadera compasión que llevará a crear proyectos adecuados. Solo es preciso no estar apegado a nada, desnudez pura y dura, solo así se pude tener la posibilidad de asentarse en el no ego, que no es otra cosa que asentarse en «la sensación de ser». Es todo lo que hace falta, cualquier otra acción es la lucha con el ego contra el ego.

Los pensamientos configuran la visión y el sentir, y a través de ellos modelan la acción. La persona asentada en «la sensación de ser» deja que los pensamientos lleguen y se marchen. Así se abre la posibilidad de poder ver de otra manera pues los pensamientos no podrán modelar ni la visión ni el sentir. Dar una oportunidad a ser de otra manera eso es amor incondicional, un amor sin sentimientos pero con sentir. No encerrar ni a los otros ni a uno mismo en una valoración, es no juzgar nunca. Al no encerrar la realidad en un juicio el contacto con ella va a ser diferente y la acción adecuada.

A modo de conclusión

La propuesta pasa irremediablemente por investigar qué soy yo. Solo la persona que sabe que no es esa individualidad que surge de la identificación con su cuerpo y su mente deja de ser egoísta, ha eliminado la causa para serlo. Sin ligarse a la propia individualidad, la persona queda liberada de sí misma y puede presenciarlo todo como puro testigo.

Desde este momento toda la realidad es percibida como cosa propia pero sin que haya una individualidad. Se da una máxima comprensión y compasión por todo pero desligadas de una individualidad. La respuesta a la realidad ya no será la de una individualidad ya que ha desaparecido. La compasión es acción, la acción es compasión.
Cuando la unidad es lo que se ve de manera permanente en todo, no hay manera de acumular en beneficio de una parte en contra del resto.

Lo principal es eliminar la ilusión de pensarse una individualidad. Desde este conocimiento se origina el amor incondicional. ¡Que calidad humana mejor que esta, la de una persona cuya naturaleza es amor y compasión!

[1] Vedanta Avaita significa «final de los Veda». Escuela hindú que se considera el final de la revelación.
[2] Yoga Vasishta, texto básico y fundamental de esta escuela, que se supone del siglo V dC y se atribuye al sabio Vasishta
Nisargadatta uno de los grandes sabios vedanta advaita del renacimiento hindú del siglo XX
Entendiend