Michele Najlis

LA SOLEDAD SONORA

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Michèle Najlis                         


Versos de la poetessa nicaragüenca Michèle Najlis del llibre:

“La soledad sonora” – Managua, Centro Nicaragüense de Escritores, 2005.

Najlis és figura representativa del Centre Ecumènic Antonio Valivieso, de Managua.

 

 


Hoy te nombro

Hoy te nombro
río profundo
paz
malinche florecido.

Te llamo luz
pájaro, viento impredecible.

Lluvia te nombro
nube
tierra fecunda
madre.

Te llamo mar
arena de las playas de mi infancia.

Te digo risa, arrullo
arco iris.

Hoy te llamo silencio
palabra siempre insuficiente
música callada, Dios,
soledad siempre sonora.


Sanctus

Santo, santo, santo, es el Señor, Dios del universo.

Llenos están, Amor, los cielos y la tierra de tu gloria.
Llenos de Ti mis ojos cegados por tu luz.
Llenos de Ti mis labios que repiten tu Nombre en cada nombre.
Llenos de Ti mis manos que buscan el claro manantial de tu sonrisa.
Llenos están mis pies de tu extravío.
Lleno de tu amor, Amor, está mi vientre bañado por el agua de la Vida.
Llenos de gozo mis cabellos, mis hombros cubiertos por tu gracia,
encendido de amor mi frágil corazón que a tientas ama.
Llenos están, Amor, los cielos y la tierra de tu gloria.


Toma mis ojos

Toma mis ojos para que yo te vea
mis labios para que yo te hable
mi piel para que yo te toque.

Dame tu oído
para escuchar mi lamento de amor.
Dame tu boca
para decir tu nombre impronunciable.

Dame tu aliento
tu voz
tu brisa vespertina.

Dame tus manos
tus pies
tu arroyo en la montaña
tu silencio de la luz amanecida.

Dame tu amor, Amor,
para tocar al fin tu esquivo corazón.


Para estar, Amor, desapareces

Sellas mis labios con tu ausencia
hieres mi corazón con tu silencio
porque para estar, Amor, desapareces.

Si en soledad de amor te busco a tientas
si mis ojos ciegos y mi ciega razón
y mi mano que tiembla en cada letra
no alcanzan tu aliento que da vida,
déjame oír tu presencia en tu silencio
porque para estar, Amor, desapareces.

Si no hay luces ni sombras
ni claros desafíos, ni plácidos arroyos
ni playas, ni campos florecidos
ni lunas, ni tormentas,
déjame entonces encontrarte en el vacío
porque para estar, Amor, desapareces.



Despedida

Dios, ¡líbrame de Dios! (Maesto Eckhart)

Me despido en silencio de tu ausencia
de tu no estar estando,
callada
y presente lejanía.