Colección Nº 2. Ejercicios de Jñana Yoga

Lo que se aprende de las Upanishad.

 

 El camino interior que enseñan las Upanishad no parte de creencias, trabaja sin creencias y termina sin creencias. En ningún momento proclama a sumisión incondicional a formulaciones.

El camino interior puede oscilar entre el teísmo y el no teísmo. Se puede funcionar con Dios cuando uno está atascado en el propio yo, cuando se siente impotente, temeroso o, de una u otra forma, enredado en el ego. Puede funcionar sin Dios cuando está tranquilo, cuando trabaja con lucidez, cuando siente el impacto de la cultura actual ni creyente ni teísta, cuando la comprensión y el sentir se conjuntan.

Muestran con toda claridad que los grandes textos son revelación. Y eso no porque uno crea en un Dios que habla al hombre, sino porque verifica esa revelación por sí mismo en la comprensión del texto. Ve en el texto luz y más luz. El texto le genera certeza.

Muestran lo que es el poder de la mente para hacer el camino interior y para arrastrar en pos de sí al sentir. La mente como razón y como intuición.

 

Método del silenciamiento desde la mente (Jñana).


Después de los ejercicios de meditación que hemos propuesto, podemos reflexionar sobre el camino recorrido.
Hemos visto cómo trabajar con los textos para hacer camino, trabajando desde lamente hasta conseguir la intuición y arrastrar al sentir al el silencio.

Primero hay que entender con toda claridad lo que dice el texto.
Razonarlo hasta comprenderlo por completo.
Darle vueltas y vueltas hasta familiarizarse totalmente con la comprensión,
-viéndolo desde un punto de vista y otro y otro,
-rastreando las consecuencias de la comprensión.
Cuando considere que ya se ha familiarizado con la idea, fijar la mente en ella el tiempo que sea necesario para abrir paso a la intuición.
Intentar intuir directamente su verdad.

En este proceso ¿qué hacer con el sentir?

En la primera comprensión, en el esfuerzo por razonarla y por familiarizarse con ella, el sentir debe quedar al margen del trabajo. Lo interferiría. Y el sentir que se interferiría sería el sentir del yo.
En el trabajo de rumiar la idea y en la concentración, poco a poco el sentir se va implicando.
Cuando llega la intuición empezará a ser arrastrado el sentir.
Para hacer correctamente este trabajo conviene tener una idea clara de lo que es la función racional de la mente, lo que es la intuición y lo que es el tránsito de una a la otra.
El conocer racional es un conocer lingüístico, representativo. Lo que se conoce directamente es la representación; la cosa a la que hace referencia el término se la conoce indirectamente, filtrada por la representación. Lo que se conoce propiamente es la representación.
En esa situación el conocimiento del mundo es primariamente el conocimiento de unos conjuntos representativos; el conocimiento de las personas es principalmente el conocimiento de la idea (representación) que tenemos de las personas; el conocimiento de mí mismo es el conocimiento de la idea que me hago de mí.

Desde ahí, vivir y sentir la realidad es primariamente vivir y sentir la realidad de mis construcciones que hacen referencia a unas realidades modeladas por ellas.

La representación, la figuración que me hago de lo real, no está primariamente en función de la realidad, sino en función de mi ego. Con las representaciones se construye un mundo de realidades a mi medida y al servicio de mis necesidades.

Esa forma de ver, comprender y sentir las realidades, mediada por nuestras construcciones semánticas, es indirecta. Sólo esa forma de conocer y sentir le interesa al viviente necesitado; sólo ahí se mueve habitualmente.

La intuición es la pretensión de todo camino interior. Todo camino interior pretende ver directamente y sin filtro las realidades. Es conocer las realidades mismas, no en función mía; por tanto sin el ego, como paquete de necesidades, que atender. El camino interior es salirse del círculo de construcciones y representaciones; es salirse de mi ego, sus intenciones y construcciones. Es ver y sentir directamente, inmediatamente.

El tránsito del conocer racional a la intuición se produce cuando se ha comprendido exhaustivamente la representación y sus consecuencias. Cuando esa comprensión ha concluido, se concentra la mente en silencio en la representación, en el término lingüístico, insistiendo en su referencia. Se concentra en el término en cuanto “se refiere a”… Entonces, el interés intenso y continuado por “eso a lo que se refiere el término” acabará saltándose la representación.

Estos serían los pasos:

Comprender el texto hasta que no haya la menor sombra de duda.
Concentrarse en esa comprensión, mirando a través de ella a aquello a lo que esa comprensión alude.
La concentración y la voluntad de aproximarse a aquello a lo que la compresión se refiere harán, poco a poco, más transparente la comprensión, hasta que termine diluyéndose como una niebla y de acceso al conocimiento directo e inmediato de la realidad.

 

Segunda serie de prácticas.

 En esta segunda serie de prácticas usaremos autores de diversas tradiciones: cristianos, hindúes y musulmanes.

Nº 1.

Dios no es otro de nada. Dios, en tanto que no-otro, no es otro respecto a la criatura.
Nada es otro para el no-otro.
La imposibilidad de ser otro es una característica esencial del ser divino.
La única relación concebible entre el no-otro y el otro es la de la anterioridad del primero sobre el segundo.
El otro no existe ni puede ser visto sin el no-otro; por otra parte, no podemos reconocer al no-otro sin el otro que se niega en él.
El no-otro aparece antes que todas las cosas de tal manera que no puede absentarse de ninguna de las que vienen después de él, aunque sean contradictorias.
Lo mismo que sin el no-otro nada permanece ni es conocido, igualmente en él todas las cosas son, son conocidas y son vistas.
Dios es todo en todas las cosas aunque no sea ninguna de ellas.[1]

Lo que hay  no son sujetos y objetos, sino “no-dos”.

Dios y las criaturas no son dos. Esa unidad se expresa con el término “no otro” para mantener, a la vez, la unidad y la diferencia.

Dios es el “no otro”. Nada es “otro” para Él. “El que es” es el “no otro” de todo. Entre Dios y la criatura no hay dualidad, sólo que Dios es anterior a la criatura.

Nada existe sin ese “no otro” que es Dios, pero no le podemos conocer sin ese “otro”, que se niega como tal, la criatura. Es el primero en ser visto, se vea lo que se vea.

Sin el “no otro”, nada existe ni puede ser conocido. En Él son vistas y conocidas todas las cosas.

Dios es todo en todas las cosas, pero en ninguna de ellas en particular.

El “sin forma” en todo en toda forma.

 

 

Nº 2º

Si el frío desaparece, el hielo también desaparecerá. Pero el agua no desaparecerá, porque es anterior al hielo.

Si el no-otro desaparece, todo otro, toda cosa nombrable desaparecerá.

Puesto que la posición del no-otro es la posición de todas las cosas y su retirada la retirado de todo, el otro no puede ser ni ser visto fuera del no-otro.

Si ves al otro en el no-otro, seguramente no le verás en tanto que otro sino en tanto que no-otro, porque es imposible encontrar al otro en el no-otro.

Pero si me preguntas que es el otro en el no-otro, te responderé: es el no-otro.

Ves con toda claridad que el no-otro es presupuesto y conocido en todo conocimiento, y que lo que es conocido no es otro que él, en tanto que no conocido; brilla de manera cognoscible en lo conocido, como la luz del sol, invisible a los sentidos, brilla de manera visible y diversa, irradiándose en los colores del arco iris y fragmentándose a través de las nubes.

Hay que reflexionar y hacer como el que ve la nieve a través de un vidrio rojo: ve la nieve y no atribuye la apariencia roja a la nieve sino al vidrio. Así actúa la inteligencia viendo al informe a través de la forma.[2]

El agua es el no-otro del hielo. El hielo es sólo agua. Nada más. Viendo el hielo, se ve el agua. Cuando se funde el hielo, nada desaparece.

Todo el ser de cualquier “otro”, cualquier criatura, es sólo el “no-otro”, Dios.

Si pongo el “no-otro”, todo está puesto. Si lo retiro, todo está retirado. Todo el ser de cualquier “otro” es sólo el “no-otro”, Dios.

Al “otro” sólo se le ve en el “no-otro”. Cuando veo a la criatura en Dios, sólo le veo a Él, no a la criatura.

¿Qué es cualquier cosa en Dios? Sólo Él.

En todo le conozco sólo a Él. Cuando conozco a “otro” es a Él a quien conozco. Como la luz se conoce en todos los colores y formas de las cosas, aunque no tiene ni formas ni colores.

Lo que ves es a Él, pero a través del vidrio de colores de nuestras construcciones. Ve “al que es” al “no-otro” en todo, y atribuye las formas y colores a los filtros de las estructuras de nuestras necesidades.

 

Nº 3º

Partiendo de la perspectiva de que lo que realmente hay y existe, no es la dualidad que los vivientes tenemos que construir en el medio para sobrevivir (sujeto de necesidades / medio como un campo de seres y cosas donde satisfacer las necesidades) meditar no la dualidad sino el “no-dos” en las siguientes afirmaciones del Cusano.

Dios ha revelado en la Escritura Santa que es de todas las cosas la causa, el principio, la sustancia y la vida.

Él no es otro de nada y todo en todo.

Le veo como el principio que es otro de nada.

Tan pronto es puesto el otro, es puesto el no-otro.

El no-otro no es conocido en sí, sino de forma simple en lo simple y de forma compuesta en lo compuesto.

Él no es, pero en las cosas que son, el es el ser.

Todas las cosas son él mismo; y en su ser mismo el ha hecho que subsista todo aquello que de alguna manera es.

Dios, el Absoluto es todo el ser de todas las cosas. Nada hay en la criatura que no sea su ser. ¿Qué puede perecer? ¿Qué puede nacer?

Él no tiene ninguna distancia de mí; no es “otro” de mí. Es todo mi ser.

Él no es “otro” de mi, ni de nada; ni yo soy “otro” de Él. ¿Qué soy? ¿Qué es aparecer y desaparecer?

Tan pronto considero y miro a una criatura o a mí mismo, estoy viéndole a Él. ¡Qué perspectiva de indagación tan interesante y concreta!

A Él sólo le conoceré en ésto, tal como viene; simple o complejo, agradable o desagradable.

Si le busco como existencia separada de las cosas, Él no es. El encontraré directamente en las cosas que son, como el ser de las cosas que son.

Todas las cosas y yo mismo somos Él mismo.

Nada tiene ser que no sea el de Él, porque no hay dos. Lo que existe realmente es el “no-dos”.

 

Nº 4º

Cuando se busca con el espíritu el ser de las cosas, la luz del no-otro se presenta a él como aquello sin lo cual no se la podrá encontrar de ninguna manera.

Toda cosa es percibida con más precisión cuando es percibida a través del no-otro.

Comprende esta revelación por medio de una analogía con la luz que se impone por ella misma a la vista. La luz no es vista ni conocida de otra forma que según la manera que se revela: invisible en tanto que ella existe antes y por encima de todo lo visible.

Ver, dirigiendo la mirada hacia Dios, no es ver lo visible sino ver en lo visible, lo invisible.

Entonces yo veo verdaderamente a Dios más allá de todo lo visible, el cual no es otro que todo lo visible.

Ver a Dios infinito e indeterminado en otro, es ver aquello que no difiere de nada.

Por “no-otro” te entrego el nombre de mi concepto de lo primero. No se me ocurre ningún otro nombre más preciso para expresar mi concepto del innombrable que no es otro de nada.

A quien se interesa verdadera y realmente por conocer el ser mismo de las cosas, el “no-otro” se le presenta al espíritu como “aquello” sin lo cual no podría conocer nada. Quien se interesa por algo realmente, le encontrará a Él y también a aquello por lo que se interesaba.
Nada puede ser conocido verdaderamente separado del “no-otro”.
Sin las cosas, la luz no se ve, y la luz es la que hace que se vean las cosas.
Ver las cosas y ver la luz es inseparable. En todo lo que se ve, se ve la luz directamente.
Buscar con los sentidos a Dios es verle con los sentidos, invisible en lo visible.
Le reconozco más grande que todo lo visible, pero a la vez, como “no-otro” de todo lo visible.
Le veo en ésto y en aquéllo, porque veo que no difiere de nada.
El término “no-otro” es una figura para afirmar que sólo Él es, sosteniendo, a la vez, que no está ligado a ninguna forma.

 

Nº 5º

Puesto que Dios es todo en todo, le atribuimos el nombre que vemos en el corazón de todas las cosas.

Él es todo en todo y cada uno en cada uno.

Sea lo que sea que la inteligencia vea, no lo ve sin el no-otro.

Por que ¿qué puede ver en el otro si no es al no-otro definiéndose a sí mismo?

…ve que el no-otro es el principio del principio; ve también que es el medio del medio, el fin del fin, el nombre del nombre, el ser del ser, el no ser del no ser, y así de todas las cosas y de cada una que pueda ser dicha y pueda pensarse.

El espíritu que produce todo en todo, por el cual todo lo que es, no es otro
que lo que es, lo llamo no-otro.

Dice (Dionisio) que Dios es espiritual porque, no siendo incorpóreo, no está recluido en un lugar como es el cuerpo.

Los nombres de “los corazones de las cosas” son los nombres del Absoluto. El “corazón de las cosas” es la entraña, la realidad de las cosas, no sus apariencias.
Él es el ser de cada uno. Fuera de su ser no hay ningún ser en cada uno. Si en mí quitas su ser, desaparezco.
Mires donde mires, no verás más que a Él, dice el Corán.
Cualquier “otro”, cualquier criatura, es sólo el “no-otro” que se define a sí mismo, que se dice a sí mismo con contornos acotados.
Decir que el “no-otro” es el principio, el medio, el fin y el ser de cada cosa, es una manera detallada decir que en cada “otro” no hay nada que no sea el “no-otro”.
El ser de cada  ser es el ser del Absoluto mismo, porque el Absoluto no es otro de cada criatura. La criatura concreta y el Absoluto no son dos.

Dios, el Absoluto, no es incorporeo;
En los cuerpos, ahí está.
Se le llama sin forma, espiritual,
porque al estar en cada cuerpo,
no se liga a ninguno.

 

 

Nº  6º

Mi gurú me dijo algo. Me dijo: “Tú eres esto” y yo comprendí perfectamente qué era “esto”: la existencia sin el cuerpo. Comprobé lo que era, lo que soy sin el cuerpo, y me he quedado fijo en ese nivel.[3]

En el agua, la sal se disuelve y se convierte en el mar. Al disolverse mi ego, me he convertido en Shiva-Shakti (el absoluto).

De esta forma he realizado mi adoración al Absoluto, fundiéndome y absorbiéndome en Él, de la misma forma que el interior hueco del baniano, al descortezarlo, se funde con el espacio exterior.

Aunque el Ganges desemboca en la mar, hay una aparente diferencia de género. Pero, ¿dejan sus aguas de ser el mismo elemento?

El oro y las alhajas son lo mismo: oro. La luna y su resplandor no son más que eso, la luna.

¿Calificaríamos de sabio a alguien que se entristeciera por la ruptura de un jarrón que nunca existió?

Por tanto, si la esclavitud en sí es irreal, ¿de qué se libera uno? La ignorancia es la que, al autodestruirse, origina dicha libertad.[4]

Se refiere Nisargadatta a la gran afirmación vedanta: “Tú eres Eso”. Entre tú y Eso, no hay dualidad ninguna.
Si soy “Eso” no me identifico con este cuerpo, mi ser no es mi cuerpo, ni si el cuerpo desaparece no se ha perdido nada; sus necesidades, temores, fracasos y expectativas, no afectan a mi ser.
Como la sal se disuelve en el agua, así mi ego se ha de disolver en el Absoluto.
El conocimiento es la verdadera adoración y conduce a la unidad.
Conocer es conocer mi vacío. Eso es fundirse en el Absoluto.
Como el Ganges y el mar son sólo agua, así mi ser y el Absoluto no son dos.
El ego nunca existió, ¿nos apenaremos por su desaparición?
Conocer es liberarse. ¿Liberarse de qué?  De la ignorancia de tomarse por lo que no se es; de la sumisión a las necesidades; liberarse de deseos y temores, del ego y de la interpretación de la realidad que arrastra; liberarse de la identificación con el cuerpo.

 

Nº  7º

El alcanfor y su aroma son sólo alcanfor. El azúcar y su dulzor son sólo azúcar.
El alcanfor se disuelve en el agua y se torna invisible, más su fragancia inconfundible permanece.
Después de untar el cuerpo con cenizas, las partículas se desprenden y caen, pero la piel queda blancuzca.
Cuando un río se seca, el agua no fluye ni se puede ver, pero permanece en el lecho en forma de humedad.

Cuando el sol alcanza su cenit, la sombra de una persona parece desaparecer, pero permanece debajo de los pies.
De la misma forma, el Conocimiento Puro, que consume todo aquello que se considera distinto a Él, permanece como conocimiento, en su prístino estado natural.

El fuego se consume al quemar el alcanfor. Lo mismo le sucede al conocimiento al destruir la ignorancia.

La Realidad Suprema no es sujeto ni objeto de Sí mismo, ni es objeto de nadie más. ¿Prueba ello entonces su inexistencia?

Así mismo, la Existencia Pura es, en y por Sí misma, sin conceptos de existencia o inexistencia.

El vocablo Sat-Chit-Ananda (Ser, Conciencia, Beatitud) designa al Ser, pero no lo representa ni describe. Se limita a indicar que no es lo contrario, (inexistencia, inconciencia y desdicha).

El Absoluto y la manifestación son sólo el Absoluto. Todo ésto es sólo el aroma, el gusto del Absoluto. Todo tiene un color especial que le denota, le proclama. Todo está húmedo de su agua de vida.
El Absoluto, como la sombra en el cenit, desaparece, pero está ahí, debajo de todo. El conocimiento de “el que es” da como ilusorio todo otro conocer. El conocimiento del Absoluto permanece como “el conocimiento” bajo todo otro conocimiento cotidiano.
El conocimiento del “no-dos” quema la ignorancia de suponerse alguien venido a este mundo y se quema incluso a sí mismo, porque muestra que no es conocimiento de nada ni de nadie.
La Realidad Suprema no es sujeto ni objeto ni de sí mismo ni de nadie. Está vacío de toda posible individuación.
De un sujeto o un objeto puedo decir que existe o no existe. De la Realidad Suprema no puede decir ni que exista ni que no exista, porque no es objetivable.
El Ser, vacío de forma (no es sujeto ni objeto) es Ser, Conciencia y Beatitud, pero esas tres palabras no lo conciben, sólo sugieren lo que no es.

 

 

Nº  8º.

Lo que realmente existe no es la dualidad que construye la necesidad, sino el “no-dos” que ahí viene y yo soy. Desde esta perspectiva se hacen plenamente inteligibles las frases que siguen a continuación.

No olvides que lo que hay en la conciencia no puede ser nunca la verdad.[5]

Sólo se puede probar la existencia de un objeto que es distinto del sujeto. Pero este método no es aplicable en el caso del Sujeto Supremo.

Lo que no es un objeto intelectualmente cognoscible no se puede argüir. ¿Necesita de alguna prueba lo Supremo, que resplandece con luz propia?

En nuestro intento por conocer lo Supremo que, en Sí, es el Conocimiento mismo, ¿puede sobrevivir el acto de conocer y el objeto del conocimiento?

Nada de lo que se diga sobre Él es lo que Él es.

Así es lo Supremo, existe y no es inexistencia. Pero ¿es apropiado denominarlo Existencia?

En plena vigilia no existe el dormir ni el despertar. Así es el estado de Conciencia Pura y Absoluta: no hay conciencia de algo. ¿Resulta, entonces apropiado denominarlo conciencia?

Aquellos que son capaces de contemplar su propia faz sin la ayuda de un espejo son los únicos en comprender el secreto de la Realidad evidente por sí misma.

Después de este discurso, lo más sabio es absorber hasta la última gota de silencio.[6]

 

En la conciencia hay conceptos y representaciones de sujetos y objetos, deseos, recuerdos, proyectos; nada de eso es la verdad.

La verdad no es ni conceptual ni simbólica, no es una representación.

Dios no es objetivable, por tanto no se puede probar ni su existencia ni su no existencia.

Dios es conocimiento mismo. En Él no hay dualidad que pueda escindirse en conocedor-conocido. Conocerle es termina con esa dualidad.

Todo lo que se diga de Él estará dicho desde categorías y sistemas de representación, por tanto falso.

Plantearse si algo existe o no, es plantear algo frente al sujeto. Nada de eso es realmente. En ese sentido Dios no existe; no se le puede llamar existente porque no se le puede presentar como una realidad frente a un sujeto.
Si hay sujetos y objetos puede hablarse de conciencia y conocimiento de algo. Si lo que hay es “no-dos” no se puede plantear la conciencia y el conocimiento de nada. ¿Le llamaremos conciencia y conocimiento a la noticia del Absoluto?
Sólo el que se conoce sin objetivarse, sin ponerse fuera de sí y se conoce desde dentro, conoce el secreto de la realidad, que no es ser objeto.
Hay que penetrar en las realidades desde el silencio, percibiendo sin palabras.

¿Qué es la verdad?

Nada en el orden de las formulaciones, representaciones, sistemas de creencias, dogmatismos, nada conceptual y representativo, por más sacro que sea.
Es algo inmediato, directo, perceptible con los sentidos y la mente, patente, manifiesto, sin intermediación ninguna.
Una presencia informulable, un peso de certeza informulable, la desaparición de toda duda, la paz, la reconciliación con todo. Eso es la verdad.

 

 

Nº 9º

Así como el agua disfruta jugando consigo misma a ser olas, el Ser, la Realidad Suprema, juega alegremente consigo misma.

El fuego entreteje y se adorna con guirnaldas de llamas. Pero, ¿se hunde por ello en la dualidad de las distinciones?

Aunque la flor de loto tuviera mil pétalos, no dejaría de ser una sola flor.

Se puede partir un bloque de azúcar en un cúmulo de trozos, pero no por ello se alterará su composición.

A pesar de que permea todo el universo, en la Unidad del Ser no existe ni el menor rastro de dualidad.

Cuando el Absoluto siente un profundo deseo de no verse más, se retira y descansa en Sí mismo,

-como cuando, al bajar los párpados, la vista se absorbe en sí misma,
-o como la tortuga recoge las patas dentro de su concha,
-o como cuando la luna oculta su resplandor en el novilunio.
De esta forma, no es que destruya, sino que cuando suprime tanto los objetos de visión como el proceso de ver, reposa en sí mismo.

Al levantar los párpados, el Ser se convierte en veedor y en lo visto. Al bajarlos, se esfuma. ¡Qué extraordinario!

Lo que parece pluralidad, no lo es, sólo es un juego del que es.
Toda esta pluralidad de seres es como los diversos gestos de alguien que baila.

La pluralidad sólo muestra al Único.
En toda la pluralidad no hay ni el menor rastro de dualidad.
Todo está vacío de dualidad.

No hay nacer o morir, sólo despliegue y repliegue.

El trabajo a hacer es verificar por sí mismo
-la unidad radical del Ser,
-la irrealidad de la dualidad de sujeto / objeto,
-el vacío de las nociones sujeto, objeto, individualidad.

 

 

Nº  10º

La religión debe ser la cosa más gozosa del mundo, porque es la mejor.

No somos gotas de agua que caen en el océano y se pierden en él; cada uno de nosotros es el océano entero, infinito; y lo viviremos cuando nos liberemos de la ilusión. El Absoluto no puede ser dividido.

No soy el cuerpo, no soy el espíritu, no soy el pensamiento, no soy ni siquiera la conciencia, soy Âtman (el Absoluto, el no-dos, el no-otro).

Sólo Brahman (el Absoluto) es verdadero, todo el resto es falso; y yo soy Brahman.

Soy el universo, soy Brahman, la existencia real única, el Alma de nuestra alma, el Yo del universo, la Vida de nuestra vida, nuestro verdadero Yo.

A la que conseguimos salir del centro estrecho que es el cuerpo, realizamos en nosotros mismos a Dios, que es nuestra verdadera identidad.

Soy Él, soy Él.
Soy existencia absoluta, conocimiento absoluto, beatitud absoluta.[7]

       Lo hondo que nuestros antepasados vivieron como religión y espiritualidad, y que nosotros deberemos vivir como profunda cualidad humana
-no es un deber, es un placer,
-no es una renuncia, es una adquisición,
-no es una sumisión, es una liberación.
-no es ir a la nada, sino a la plenitud,
-es ir a la verdadera comprensión, al amor y a la paz.

La identificación con el cuerpo es la clave de toda nuestra construcción ilusoria.

¿Qué hay más pacificador que verificar que soy “el que es”?

 

 

Nº  11º

No es correcto promulgar que el Ser  destruye la ignorancia para después revelarse. Es como el sol, que no tiene oscuridad que destruir.

En estado de vigilia uno sabe que el sueño que tuvo fue irreal. De la misma forma, la ignorancia no existe ni en el estado de ignorancia, aunque aparente existir.

No se puede destruir la ignorancia, dado que no existe. Como lo Supremo es evidente por Sí mismo, ¿qué resta por probar y quién para probarlo?

Lo Supremo no necesita probarse ni refutarse mediante algún otro tipo de conocimiento  ya que es el conocer, el conocedor y lo conocido, patente por Sí mismo, trascendiendo demostraciones y argumentaciones.

Debe quedar claro que tanto el conocimiento como la ignorancia, desventuradas crías de la palabra, son tan reales como los bosques de un lienzo.

Al deshacerse las nubes finaliza el mal tiempo. Conocimiento e ignorancia se esfuman similarmente cuando la palabra se disuelve en el diluvio (de las aguas de la Conciencia Pura).

Cuando un riachuelo se une al Ganges poniendo fin a su existencia individual, se convierte en el Ganges.

Queda claro, entonces, que la ignorancia no es real, que sólo existe el Absoluto, ya que, cuando aquélla se encuentra con el Conocimiento, se convierte en Conocimiento.[8]

 

La raíz de la ignorancia es la creencia de que “yo soy alguien”.  “Yo soy” es irreal, es un supuesto, no es una entidad. La ignorancia que genera una entidad irreal es también irreal. La ignorancia es un velo irreal que oculta al Absoluto. Pero los velos irreales no ocultan nada. Por consiguiente, puesto que la ignorancia es un velo irreal, no oculta nada.
El Absoluto, Dios, no tiene que disipar ninguna tiniebla para revelarse, porque nada le recubre. Estamos viendo al Absoluto, aun cuando no le reconozcamos.
No hay nada que destruir; el Absoluto es evidente por sí mismo. Tampoco hay nada que probar. Si sólo Él es ¿quién va a probar qué?
El patente ni se prueba ni se refuta, es manifiesto. Estoy viendo siempre al Absoluto, al “no-dos”, aunque no lo advierta.

 

 

Nº  12º.

El sabio no debe prestar atención a comentarios necios como “Lo Supremo resplandece cuando se disipa la ignorancia”.

¿Cómo puede existir la ignorancia en el seno del Ser Puro, dentro del cual no hay siquiera cabida para la autoconciencia?

El ego sólo se ocupa del cuerpo, este amasijo de huesos. Lo denomina yo, lo protege y lo mantiene. Pero no repara en el Ser.

Así como el agua disfruta jugando consigo misma a ser olas, el Ser, la Realidad Suprema, juega alegremente consigo misma.

El fuego entreteje y se adorna con guirnaldas de llamas. Pero, ¿sé hunde por ello en la dualidad de las distinciones?

Aunque la flor de loto tuviera mil pétalos, no dejaría de ser una sola flor.

Se puede partir un bloque de azúcar en un cúmulo de trozos, pero no por ello se alterará su composición.[9]

 

 Nada es un velo para el Supremo. La ignorancia es una ilusión, no un velo.
No soy “otro” de Él, ni hay nada frente a Él; la ignorancia no es, pues, real.
Estamos tan ocupados con el cuerpo y el yo que no reparamos en el ser.
Soy un juego del ser, olas de su océano.
Todo lo que existe son como los pétalos de una flor.

El Ser Puro, sin rastro de dualidad, ni la dualidad de la autoconciencia soporta.

 

 

Nº  13º

A pesar del aspecto equívoco de serpiente, lo único que realmente existe es la cuerda. Por lo tanto, aunque el Veedor (el Absoluto) aparezca bajo la forma de distintos objetos de percepción, Él es el único que existe.

Él no ve nada que no sea Él mismo. Tanto si mira como si no, tanto si es uno como una multitud, aparte de Sí mismo no existe ningún objeto que percibir.

Cualquier forma que aparezca no es más que su expansión. No existe nada más aparte de Él.

Ya sea en forma de alhajas o pepitas, el oro es lo que reluce, ya que es el único constituyente de ambas.

El alcanfor, tanto si se huele su fragancia, se contempla su blancura o se siente con el tacto, no es más que eso, alcanfor. De la misma forma, sea cual sea la forma que escoja de experimentarse a Sí mismo, el Absoluto es lo único que existe y es el único Veedor. En el universo no existe ni se crea nada que sea distinto de Él.

Tanto siendo lo percibido como el sujeto de la percepción, no existe nada aparte de Âtman.

Así mismo, tanto si se trata del que ve como de lo visto, es indiferente. Por todas partes no existe más que las vibraciones del Absoluto.[10]

Cuando yo veo algo, sólo Él se ve a sí mismo.
Todas las formas de lo que existe son su despliegue, olas de su mar; nada fuera de Él.
Como el oro es el ser de las alhajas, así Él es el ser de todo lo que existe.
En el mundo hay muchas formas, pero nada distinto de Él.
Sólo se le ve a Él, sólo Él ve.
Él es lo percibido y Él es el perceptor.
Él es el que ve y Él es que es visto.
         Nada fuera de Él.

 

 

Nº  14º

Por todas partes no existe más que las vibraciones del Absoluto.
Es como los rizos de la superficie del agua, o como el oro recubierto con una capa de oro, o como la vista contemplando el acto de ver, o como añadirle sonido al sonido, aroma al aroma, o plenitud a la plenitud, o como recubrir la melaza con melaza, el monte Meru con un capa de oro, o como envolver el fuego con llamas.
¿Qué más puedo añadir? Es como si el cielo fuera a recostarse sobre el cielo. ¿Cuál estaría despierto y cuál sería el que dormiría?

A pesar de las innumerables olas que se elevan y rompen en las cosas, la composición acuosa del océano no se ve alterada en lo más mínimo.

Aunque se expanda adoptando formas, su unidad jamás se ve alterada. Y si se contrae, su existencia permanece tan plena como antes.

De esta manera, el Absoluto puede asumir cualquier forma por pura diversión, pero sin trasmutar jamás su naturaleza pura.

¿Qué malvado puede atreverse a designarle como (recubierto por un velo de) ignorancia? ¡Sería como decir que el sol se oculta en un saco de oscuridad!

Carece absolutamente de sentido proclamar que el universo es ignorancia (Maya, según la doctrina de la ignorancia) cuando no es más que un incesante vibración del Conocimiento Puro.

De la misma forma que el sol no es más que el sol, que la luna no es más que la luna y que la llama de una vela no es más que una llama, ten por seguro que la Luz del Ser no es más que Luz, por lo que la totalidad del universo no es más que el resplandor del Absoluto.[11]

       ¿Qué puede decirse que clarifique un texto tan bello como este?

 

 

Nº 15º

La creatura no tiene ser más que por atribución contingente.
En realidad ella no es nada.
Cuando las luces divinas aparecen
Borran aquella atribución,

De manera que (las creaturas) ni eran ni dejan de ser.
Dios las extinguió, pero en sus esencias no han existido jamás,
Y en su extinción, ellas subsisten…

Cuando las creaturas se aniquilan, el Ser vuelve a Dios.
Entonces Él es tal como era antes de que ellas llegaran a existir.
El servidor tórnase como si nunca hubiera existido
Y Dios es como si nada hubiera dejado nunca de existir.

Sin embargo, cuando aparecen los fulgores divinos,
La creatura se reviste de luz de Dios y se vuelve una con Él.
Él la extingue, y luego Se coloca en su lugar dentro de ella.

Él permanece en el lugar de las creaturas
y, sin embargo, ellas no han ocupado nunca ningún lugar.
Como las olas cuyo principio es la unidad del mar
y que, en su multitud, están unidas por él;

Cuando el mar está en movimiento
son las olas las que lo constituyen en su totalidad,
Cuando (el mar) está en reposo,
no hay ni olas ni multiplicidad.[12]

De nuevo una bella manera de expresar los mismos pensamientos desde una tradición espiritual totalmente diferente.

 

 

Nº  16º

Todas Las distintas formas presentes en el universo no son más que el Absoluto en vibración.

La totalidad del universo no es más que el resplandor del Absoluto.
Las escrituras declaran: Todo este universo es una irradiación de su luz. ¿Acaso se trata de palabras huecas?

El conocimiento substituye a la ignorancia y la ignorancia desaparece con el conocimiento. Los dos se aniquilan mutuamente.

El que sabe, no sabe nada. El que no sabe, sabe. No hay cabida para la existencia del conocimiento y la ignorancia.

El brillante día del conocimiento y la oscura noche de la nesciencia han sido devorados por el Sol naciente de la Unidad en el firmamento de la Conciencia Pura.

La fragancia se transformó en nariz, la melodía dio lugar a los oídos y el espejo se convirtió en ojos para contemplarse.
La suave brisa se hizo fina piel, la cabeza se tornó flores de nardo de fascinante aroma.
La lengua se convirtió en dulce zumo, el loto se abrió para ser el sol y el ave Chakor se transformó en luna.
Las flores tomaron forma de abeja, las muchachas se tornaron muchachos y los somnolientos adoptaron la forma de camas en las que yacer.
La vista se convirtió en objetos maravillosos, cual lingote de oro que se transforma en joya para disfrutar de la belleza.
Los capullos de mango se tornaron cuclillos, el cuerpo adoptó la forma de brisas malayas y los sabores se convirtieron en lenguas.
Así es como el Absoluto adopta las formas de gozante y objeto de gozo, de veedor y objeto de visión, sin que se altere la homogeneidad de su Unidad.

 La comprensión del texto está en el último párrafo:

Así es como el Absoluto adopta las formas de gozante y objeto de gozo, de veedor y objeto de visión, sin que se alter la homogeneidad de su Unidad.

 

 

Nº  17º

La unidad intrínseca del mundo procede de la Esencia, como las olas proceden del océano.[13]     

Admira la multiplicidad esencialmente una. En Ella, esto es lo mismo que eso, y lo se va es como lo que viene. [14]

“El que ve “ y “Lo que es visto”, “El que hace existir” y “Lo que existe”, “El que conoce” y “Lo que es conocido”, “El que crea y “Lo que es creado”, “El que alcanza la comprensión “ y “Lo que es comprendido” son todo Él mismo.[15]

En parábola, la creación es semejante al hielo
y Tú eres el agua de la que surge.
El hielo no es, si nos damos cuenta, más que su agua,
y sólo adquiere su condición por leyes contingentes.
Pero el hielo se fundirá y su condición se disolverá.
De hecho, la condición líquida será la establecida.[16]

El ser penetra todas las existencias. El secreto de esta penetración consiste en        que Él creó el mundo a partir de Sí mismo, por tanto, como Él no es divisible, cualquier cosa del mundo es enteramente Él mismo.  [17]

En el cielo y en la tierra, en la sucesión de la noche y el día, hay grandes signos evidentes para aquellos capaces de comprender, aquellos que recuerda a Dios, aquellos que medita y reflexionan. [18]

En cuanto a la Esencia, Ella es evidente sin que pueda conocerse Su “dónde”, puede vérsela directamente sin que sea posible demostrarla. [19]

 Grandes imágenes de la unidad y la diversidad: el mar y las olas; el agua y el hielo.
Todas las dualidades de nuestro existir, del conocer, del percibir, del sentir, de la acción, son sólo Él mismo.

Todo está hecho a partir de Él.
Pero Él no es divisible.
Todo lo que existe es enteramente Él mismo.
En todo hay una invitación a meditar y reflexionar para comprender la unidad en la diversidad, y la diversidad en la unidad.

La Esencia es evidente por sí misma.
Nada la oculta; es clara y patente.
Pero para un animal viviente es sutil y requiere mucha indagación.
La Esencia es evidente, pero no puede señalársele un lugar.
Se la ve directamente, pero ni se la puede señalar, ni se la puede demostrar, porque no puede ser objetivada y, por consiguiente, no puede ser situada ni en el tiempo ni en el espacio.
Es, pero no es una individualidad. Esa es una gran dificulta para nuestra necesidad de objetivar, acotar, situar.


 

Nº 18º

Todo lo que sucede y todas las experiencias son un juego del Absoluto.

Todo, absolutamente todo está contenido en la existencia Pura de Dios.

Aquí, Él es el Dios y Él es el devoto. Libre de toda actividad, se deleita en el reino de la quietud.

Dios es el devoto. La meta es el sendero. La totalidad del universo es un único Ente solitario.

Por lo tanto, sólo es Dios el que venera a Dios mediante Dios, sea cual sea la forma.

El sabio es consciente, sabe, que él, tal y como es, es Shiva, es el Señor.

Cualquier objeto en el que posa su mirada constituye una maravillosa visión de Shiva.[20]

El camino a recorrer es despertar a “Esto” tal cual es, que es Shiva, el Seño.
Todo esto que veo, tal cual es, es inmediatamente, directamente el “no-dos”, el Absoluto, “el que es”, Dios.

 

 

 

Nº  19º

La personalidad es sólo un obstáculo. La identificación de sí mismo con el cuerpo puede ser benéfica para el niño, pero la verdadera madurez pide poner el cuerpo a un lado.
La personalidad es sólo un hábito construido sobre la memoria, engendrada por el deseo. Crees que eres una persona que vive, que muere, que siente, piensa, activa o pasiva, feliz o desgraciada. Pregúntate, cuestiónate: ¿Es así? ¿Quién soy yo? ¿Qué hay detrás y más allá de todo esto?, y podrás percibir pronto tu error. Es propio de la naturaleza misma del error desaparecer cuando se le ha visto.

¿Cómo extinguir el sentimiento de separación?
Concentrando la mente sobre “yo soy”, sobre “la sensación de ser”, el “así” de “yo soy así” se desvanece, y lo que queda es “yo no soy más que un espectador” que a su vez se funde en “yo soy todo”.

El Supremo es el disolvente universal. Corroe todos los recipientes, quema todas las barreras. Sin la negación absoluta de todo, la tiranía de las cosas será absoluta.

No siendo nada, soy todo. Todo soy yo, todo es mío.

Acepto todo y soy aceptado por todo. Soy todo y todo es mío. Siendo el mundo, no tengo miedo del mundo. Siendo todo ¿de qué podré tener miedo? El agua no tiene miedo del agua, ni el fuego del fuego. Además, no tengo miedo porque yo no soy nada que pueda sentir miedo o que pueda estar en peligro. No tengo ni nombre ni forma. El apego al nombre y a la forma es lo que alimenta el miedo. No estoy apegado. No soy nada y la nada no tiene miedo de nada. Por el contrario todo tiene miedo de la nada porque todo lo que tiene un contacto con la nada se hace nada. La nada es como un pozo sin fondo, todo lo que cae en su seno, desaparece.

Mientras te piensas como una persona, el Absoluto, “lo que es”, Dios, lo piensas como una persona; cuando eres todo, ves al Absoluto, Dios como todo.[21]

Si yo me creo una individualidad, concibo al Absoluto como una individualidad.
Si yo me creo una persona, concibo al Absoluto como Dios, una persona.
Si y comprendo que no soy nadie fuera de “Eso no-dos”, así concibo al Absoluto.

 

 

Nº 20º.

El estado de vigilia abarca la experiencia de los objetos exteriores, el sueño,  los objetos internos, el de sueño profundo es una masa de conciencia indiferenciada. Esta conciencia es la misma que se conoce a través de tres estados diferentes.

Los sabios afirman que el estado de vigilia y el de sueño son idénticos por la similitud entre los objetos percibidos en uno y otro estado.

Aquel que conoce a la vez el sujeto y los objetos de experiencia, que se han descrito en relación con los tres estados, no queda afectado por los objetos de cada estado, ni siquiera mientras los está experimentando.

Aquello no-dual que sin alterarse dirige todos los seres, pone fin a todos los sufrimientos. Es el estado resplandeciente omnipresente en todos, al que se denomina turîya.

Cuando el ser humano, que estaba durmiendo por influencia de la ilusión sin origen, despierta, toma conciencia de lo Real donde no hay sueños de ninguna clase, aquello no originado y no dual.

La dualidad no es sino ilusión, ya que la no-dualidad es la suprema realidad.

Las ideas de multiplicidad que alguien imagina, se pueden hacer desaparecer. Esta explicación tiene como objetivo el facilitar esta enseñanza. Cuando se descubre la última verdad, la dualidad no existe.[22]

 Las tres formas de la misma conciencia son sueño, vigilia y sueño profundo. Dos de ellas, el sueño y la vigilia, están regidas, directa o indirectamente, por la necesidad, por tanto son duales. El sueño profundo es una conciencia ni de objetos ni de sujetos; pero es conciencia, no un paréntesis que sumerge en la nada. Cuando uno despierta del sueño profundo dice: “he dormido bien”; por consiguiente se está refiriendo a una experiencia de existir, que es sin dualidad.

El sueño y la vigilia están construidos por el deseo. Y no es que la vigilia sea real y el sueño sólo una sombra de la vigilia.

Quien conozca estos tres estados de conciencia no le afectarán los objetos. Sabrá que siempre son irreales, porque están siempre en mi mente. Tiene, además noticia de lo que es un estado de conciencia dual y un estado de conciencia no dual.
La conciencia no dual puede tener dos formas: el sueño profundo, que es una experiencia de existencia no dual, aunque oscura, y la iluminación, el despertar, que es una experiencia del existir lúcido.

La ilusión sin origen, es la condición de todo viviente, que nace del deseo.
El despertar de ese sueño sin origen, es un estado de conciencia que no es ni vigilia ni sueño. Es un estado de conciencia no originado por el deseo, no dual.
La dualidad es la construcción necesaria de todo viviente para vivir; es la construcción del deseo y de la necesidad.  Esa dualidad sólo está en la mente de los vivientes. Esto supuesto, se comprenderá que el silencio de la necesidad, silencia la dualidad.
Cuando se descubre la no-dualidad, toda dualidad y multiplicidad desaparecen.
Advertir que el sueño profundo es un estado de conciencia no dual es verificar la posibilidad de una conciencia no dual. Además de esa conciencia no dual, que es el sueño profundo, que es oscura, hay la posibilidad de verificar otro estado de conciencia no dual que es el despertar el turîya.

 

Nº  21º

Los sabios han declarado que en el sueño todos los objetos son irreales, porque los objetos soñados se sitúan en el interior (del que sueña) y porque tienen un carácter restringido.

Las escrituras, apoyándose en la razón afirman que los carros y demás objetos que se perciben en sueños no existen. Por tanto la irrealidad de las experiencias del sueño queda establecida y demostrada racionalmente.

Los múltiples objetos que ve el que sueña los percibe como reales aunque son ilusorios. Lo mismo sucede con los objetos vistos en el estado de vigilia. La única diferencia es que en el caso del sueño se trata de un espacio reducido.

Los sabios afirman que el estado de vigilia y el de sueño son idénticos por la similitud entre los objetos percibidos en uno y otro estado.

Lo que en el sueño se imagina como conciencia interna es irreal y lo que se percibe como exterior parece real. Pero tanto lo imaginado como lo percibido es igualmente ilusorio.

En el estado de vigilia sucede lo mismo, lo que se imagina como conciencia de lo interno es irreal y lo que percibe como conciencia de lo externo parece real. Pero la razón nos dice que en ambos casos es ilusorio.

Si en los dos estados los fenómenos son ilusorios, ¿quién capta esos objetos? y ¿quién los crea?

Por el poder de su misma ilusión el Ser que brilla por su propia luz, imagina y crea en el mismo y por sí mismo todos los objetos conocidos. Esta es la evidencia del Vedanta.[23]

En el sueño los objetos y sujetos son reales, pero sólo mientras sueño y sólo para mí; y son irreales para todos y para mí, cuando despierto.
En sueños doy por reales lo que reconozco como irreal despierto.
Los sujetos y objetos de la vigilia son igualmente irreales cuando despierto a mi condición. La diferencia entre la irrealidad del sueño y la de la vigilia es que el sueño es restringido a mi interior y la vigilia es colectiva. Pero ambos son igualmente construidos, no reales. Ambos están construidos por el deseo.
Si el sujeto del sueño es irreal y el sujeto de la vigilia es irreal ¿quién capta? ¿Quién crea? Esta es la gran indagación. El Ser crea en él y por sí esta ilusión. La única realidad de ambos no son los sujetos y los objetos, sino Él, el Ser.

 

Nº  22º.

El camino a recorrer es transitar de una conciencia dual, donde aparecen sujetos y objetos, a una conciencia unificada, vacía de sujetos y objetos, que es conciencia del “no-dos”.

Para completar ese tránsito tiene que darse una maduración del espíritu. Y la maduración requiere un tiempo.

Dice Nisargadatta que “el sadhana es la maduración acelerada”.  Los procedimientos, los métodos que proponen los maestros son una aceleración de la maduración.

Y cualquier método, “el sadhana, es la búsqueda de lo que hay que dejar”. “Vaciaros por completo” hasta del método mismo.

“Cuando no pidas nada, ni al mundo ni a Dios, cuando no desees nada, ni busques nada, el Estado Supremo vendrá a ti, sin que lo hayas invitado ni esperado”.

“Cuando toda búsqueda cese, es el Estado supremo”.

“Ver y ser, simplemente”.
“Ve lo que tu eres…Mira dentro de ti y ve”.

“Todo lo que un maestro puede decirte, es eso”.[24]

 

 

Nº 23º.

Una vez, el rey Janaka soñó que era un mendigo. Cuando despertó preguntó a su gurú, Vâsishtha: -¿Soy un rey que sueña que es un mendigo, o un mendigo que sueña que es un rey?

¿Quién eres, le respondió Vâsishtha? – No soy ni un rey ni un mendigo, dijo Janaka, soy el testigo sin pasión.

Mientras percibas la menor diferencia, serás extranjero a la realidad.

Cuando “yo soy yo mismo” se va, “yo soy todo” viene.
Cuando incluso “yo soy” desaparece, sólo queda la realidad, y en ella, todos los “yo soy” se preservan y glorifican.

La diversidad sin separación es todo a lo que puede llegar lo mental.
Más allá, toda actividad (mental) cesa porque en la realidad todos los fines son alcanzados y todas las intenciones cumplidas.

El “Estado Supremo” es universal, aquí y ahora: todo el mundo participa de él ya.

La idea errónea de que “yo soy el cuerpo-mente” provoca una inquietud de sí mismo que oscurece nuestra visión del universo.
Es inútil combatir la sensación de ser un individuo limitado y separado sin haber puesto las propias raíces al desnudo.

El egoísmo se enraíza en una falsa idea de mí. El Yoga es la purificación de la mente.[25]

Qué es más real ¿el sueño o la vigilia? Los dos tienen el mismo constructor, la necesidad, el deseo; los dos son irreales; los dos sólo están en mi mente, no ahí fuera.
Mi realidad aparece cuando silencio al constructor y accedo al testigo.
Para el testigo hay diferentes calidades, pero todo es igual, todo es no dualidad.
Cuando el sujeto necesitado calla, la identificación con el propio cuerpo desaparece y la conciencia es conciencia de todo.
Cuando el yo muere, sólo queda “lo que es”. En esa Realidad todos los “yo” desaparecen como sentimiento de ego, pero su realidad profunda, que es el “no-dos” perdura.
El testigo es testigo de la diversidad, pero sin separaciones, sin individualidades. Más allá del testigo está la conciencia de que todo ha sido alcanzado, porque se ha alcanzado “Eso no-dual”.
La mente, que se considera una individualidad al servicio del cuerpo, se calla, aunque siga funcionando automáticamente, como mi estómago, para cumplir su función en el cuerpo.
El estado supremo de la mente no es una individualidad, ni un sujeto frente a un mundo de objetos; es “Eso”, es “lo que hay”. Todo es, siempre y en todo momento, “Eso”, aunque puede pasar la vida sin advertirlo.
La individualidad se fundamenta en el cuerpo, con la mente a su servicio. La mente es la mente de un depredador, que se siente amenazado. Eso le genera inquietud. Su condición de depredador deforma la visión del universo.
El egoísmo enraíza en la idea de que soy este cuerpo, que soy esta individualidad.

No hay sujetos ni objetos.
Lo que podemos llamar “la inteligencia-luz” no es sujeto ni es objetivable.
Aparece en este cuerpo y se pone a su servicio. La unión del cuerpo y esa “inteligencia-luz” puesta a su servicio, que es la mente individual, genera el sentimiento de ego.
La Luz, la Conciencia Absoluta, que es la “inteligencia-luz”, está ahí, y es tanto la mente como el cuerpo.
Cuando el sentimiento de ego se silencia, aparece la conciencia testigo. El ego debe callarse para lograr que aflore la conciencia que no es sujeto, que no es individuo y que es el testigo.

Esa conciencia testigo, que es la Conciencia Absoluta, que es mía y no es individuo, es mi naturaleza propia. Es todo. Es el Absoluto.

 

 

Nº  24º

Estar atentos al hecho de ser conscientes  y buscar la fuente de la conciencia, eso es todo.

Observa tu mente con desapego; es suficiente para calmarla. En esa tranquilidad podrás ir más allá. No la ocupes constantemente. Párate y se, simplemente. Si le das un respiro a la mente, se calmará y encontrará su pureza original y su vigor.

Comprenderás que no eres más que el testigo, y esta comprensión, por ella misma, actuará en ti. No tienes necesidad de hacer más que acordarte simplemente que no eres más que el testigo. Si en este estado de visión-testigo, te preguntas: “Quién soy yo”, la respuesta es inmediata, aunque inexpresable y silenciosa. Cesa de ser el objeto y conviértete en el sujeto de todo lo que acontece; cuando te hayas vuelto hacia adentro, te encontraras a tí mismos más allá del sujeto. Cuando te encuentres, descubrirás que estás también más allá del objeto, que el sujeto y el objeto están los dos en ti, pero tu no eres ni uno ni el otro.

Lo que ignoras es que el universo entero es tu cuerpo y que no tienes ninguna razón para tener miedo. Lo personal va y viene, lo universal está siempre contigo. La creación entera es tu cuerpo universal.

Cuando se mantiene la mente alejada de preocupaciones, se pacifica. Si no alteras esa tranquilidad y permaneces en ella, descubrirás que está penetrada de una luz y un amor que todavía no has conocido jamás; y, sin embargo, la reconocerás inmediatamente como tu verdadera naturaleza.

No eres lo que crees ser. Investiga lo que eres. Indaga la sensación “yo soy”, encontrarás tu verdadero ser.

Verifica que lo que eres no puede haber nacido ni puede morir, entonces, el miedo se desvanecerá, todo sufrimiento cesará.

No eres siquiera un ser humano. Eres sólo un punto de Conciencia co-extensivo al tiempo y al espacio y más allá de los dos, causa última, ella misma sin causa. Si me preguntas: ¿”Quién eres?”, te responderé: “Nada en particular, sin embargo, soy”.[26]

Observa el flujo de la mente distanciadamente y obtendrás la calma. Dale respiro a tu mente, párala para que sea únicamente; entonces aparecerá su pureza de su, su condición de ser “ser-luz”.
No eres el “cuerpo-mente”. Indaga la “sensación pura de existir”, encontrarás tu ser vacío de la condición de sujeto y de la condición de objeto.
Verifica esa tu condición que no es ni cuerpo, ni sujeto, ni objeto, sino Puro Ser.
No eres nada que pueda ser objetivado como sujeto o como objeto. Eres un punto de conciencia cósmico, sin tiempo ni espacio.
Soy “ser-luz” vacío de toda subjetividad y objetividad.

 

 

Nº  25º.

La tarea del observador es comprender y desde ahí eliminar a la persona.

La persona no es más que el resultado de un malentendido. En realidad no existe. Las sensaciones, los pensamientos y los actos desfilan delante del observador en una sucesión sin fin, dejan un rastro en la mente y da la ilusión de continuidad. El reflejo del observador en la mente crea la sensación de “yo” y la persona adquiere una existencia aparentemente independiente. En realidad no hay persona, sólo el observador que se identifica con “yo” y con lo “mío”.

No se libera nunca a la persona, sino que se libera uno de la persona.

Apártate de tu mente. No la sigas. No existe una mente que sea distinta de los pensamientos que van y vienen obedeciendo a sus propias leyes, no a las tuyas. Los pensamientos nos dominan porque nos interesamos en ellos. Es exactamente como dice Cristo: “no resistáis al mal”. Resistiéndole no hacemos más que reforzarle.

La sensación “yo soy una persona en el tiempo y en el espacio” es el veneno.

La persona es de poca utilidad. Está profundamente implicada en sus asuntos propios y es totalmente ignorante de su ser verdadero. A menos de que la conciencia-testigo empiece a actuar sobre ella, hasta hacer a la persona objeto más que sujeto de observación, la realización no es factible. Es el testigo quien hace a la realización deseable y factible.

El testigo es real e irreal. Es el último vestigio de la ilusión y la primera noticia de lo real. Decir: “No soy más que el testigo” es a la vez verdadero y falso: falso a causa de “yo soy”, verdadero a causa del “testigo”. Es preferible decir: “Se da una mirada-testigo”. En el instante que dices “yo soy”, nace el universo entero, al mismo tiempo que su Creador.

Cuando miro a través de la mente, veo innumerable gente. Cuando miro desde más allá de la mente, veo al testigo. Desde más allá del testigo, está la intensidad infinita de la vacuidad del silencio.

La tarea del testigo es observar, comprender que la persona no es una entidad real.
El flujo discontinuo de la mente crea ilusión de continuidad. El flujo y reflujo de la mente crea la sensación del ego, como una persona existente independientemente.

No hay nadie debajo del flujo de la mente. Distánciate de ese flujo y obsérvalo y comprenderás que en él no hay nadie. En el complejo “cuerpo-mente”, que constituye la personalidad, no hay nadie.Cuando miro a través de la mente, que es el sentimiento de ego, hay muchos sujetos; cuando me distancio de la mente, y miro como conciencia testigo, que es lucidez sin sentimiento de ego, comprendo que el testigo es el puente de tránsito a la conciencia clara de una lucidez que es la intensidad infinita del vacío del silencio; un vacío que no es nada, sino una presencia sin nombre.  

Nº  26º.

No soy una cosa a la cual se le puede dar un lugar entre otras. Todas las cosas están en mí, pero yo no estoy entre las cosas.

Mientras mires con lo mental, no podrás sobrepasarlo. Para ir más allá, es preciso que mires más allá de lo mental y de su contenido.

Abandona todo pensamiento, no solo del mundo, sino también de tí mismo. Permanece más allá de todo pensamiento, en el silencio de la “conciencia de ser”.

La actitud del testigo es, primero, toda de conciencia de la conciencia y de sus movimientos.

No soy más que el testigo. No tengo una forma que me sea propia.

Existe la “experiencia de ser” simplemente. Hay, más allá de la mente, un estado que no es inconsciente. Algunos la llaman supra-conciencia, pura conciencia o conciencia suprema. Es el puro despertar libre del complejo sujeto-objeto.

Soy consciente e inconsciente, a la vez consciente e inconsciente y ni uno ni otro, yo soy el testigo. Pero en realidad, no hay testigo porque no hay nada de lo que ser testigo. Soy perfectamente vacío de toda formación mental, vacío de lo mental y, sin embargo, plenamente consciente.

Puesto que no eres nada en particular, entonces eres un ser universal.
¿Qué significa “ser universal”, no en tanto que concepto, sino como modo de vida? No separar, no oponer, comprender y amar todo aquello que entre en contacto contigo, es vivir la universalidad. Ser capaz de decir verdaderamente: “Yo soy el mundo, el mundo soy yo, en el mundo estoy en mi casa, el mundo es mío. Cada existencia es mi existencia, cada conciencia es mi conciencia, cada pena es mi pena, cada alegría es mía”, he aquí la vida universal. Pero mi ser real, como el tuyo, está más allá del universo, y por consiguiente, trasciende las categorías de particular y de universal. Es lo que es, totalmente contenido en sí mismo, totalmente independiente.[27]

No soy una cosa, no soy objetivable, soy vacío de toda posible objetivación.
Las cosas están en mí, son creación de mi mente.

Si miras desde el ego, no saldrás de él. Mira la realidad desde más allá de lo mental, del ego y de sus interpretaciones e intereses.
Observa el fluir de la conciencia y comprenderás que sólo eres el testigo, ni sujeto ni objeto.
Si despiertas a la “pura conciencia de ser” despertarás a tu condición de no ser un sujeto, ni un objeto.
Soy solo testigo, no sujeto, pero, en realidad, ni testigo, porque ¿de qué voy a ser testigo en el “no-dos”?
Soy existir-luz, vacío, pero no nada, consciente pero de nada.
Soy nada en particular.
Soy universal como modo de vida.
Soy “lo que es”, en mí mismo, independiente, absoluto.

 

Nº 27

¿Dónde está la mansión de la verdad y dónde podrías irla a buscar? ¿Cómo sabrás que la has encontrado? ¿Qué piedra de toque llevarás contigo para comprobarlo?

Tendrás que buscar la verdad más allá de lo mental. (Más allá de la relación dual S-O: desde el testigo, no desde el sujeto y no entre los objetos).

Eres como el niño que dice: muéstrame que el azúcar es dulce, sólo entonces lo tomaré. La prueba de la dulzura se encuentra en la boca, no en el azúcar. Para saber que es dulce es preciso que la pruebes, no hay otra solución. Empezarás preguntado, ¿es esto azúcar? ¿qué es dulce? Tendrás que aceptar mis promesas hasta que la hayas gustado por ti mismo. Sólo entonces desaparece toda duda y tienes conocimiento de primera mano e inquebrantable. No pido que me creas, sino, simplemente, que tengas, para empezar, un poco de confianza.

Es lo que se llama en la ciencia “aproximación experimental”. Para verificar la prueba de una teoría, realizas un experimento siguiendo un modo de operar establecido por aquellos que lo han hecho antes que tú. En la investigación espiritual se llaman yoga (método, procedimiento) a la cadena de experiencias a realizar.

Todos los caminos conducen a la purificación de la mente. La mente impura (la mente de S-O) es opaca a la verdad; la que es pura (la silenciada) es transparente.

Tienes la dualidad hasta a tal punto como algo adquirido, que ni la adviertes, mientras que para mí la variedad y la diversidad no crean separación. Imaginas que la realidad se sitúa más allá de los nombres y de las formas, mientras que para mí los nombres y las formas son expresiones, siempre cambiantes, de la realidad,  de la que no están separados.

En el dominio de la no dualidad cada cosa está completa, es su propia prueba, su propia significación y su propia razón de ser. Donde todo es uno, no se precisan soportes.

Todavía te imaginas que es preciso que te muestren la verdad, que te digan: “mira, está allá”. No es así. La verdad no es el resultado de un esfuerzo, ni el término de un camino. Está aquí y ahora, en la sed que se tiene de ella, en la misma búsqueda. Está más próxima que la mente o el cuerpo, más próxima que la sensación “yo soy”. No la ves porque la buscas lejos de ti mismo, fuera de tu ser más profundo.

La verdad no es un punto bueno por buena conducta, ni un premio después de haber sufrido un examen. Su venida no puede ser provocada. Es la fuente primordial, no nacida, antigua, de todo lo que es. Eres apto para ella porque existes. No tienes necesidad de merecer la verdad. Ella es tú mismo. Simplemente, para de alejarte de ella persiguiéndola. Quédate tranquilo, estate calmado.

No sólo estás cualificado para ella, más, tú eres la verdad misma.
La verdad es un estado sin cualidad. (No tiene las cualidades de los sujetos ni tampoco de los objetos, aunque todas las cualidades de sujetos y objetos sean sólo ella. Es sin forma en toda forma).[28]

La verdad es vacía, aunque lo contiene todo.
La verdad es todo, pero ninguna forma concreta, ninguna formulación.
La verdad es inobjetivable, presencia pura, certeza pura.

 

 

 

Nº  28º.

Las cosas llegan unas después de las otras y queda el recuerdo. No hay nada malo en esto. El problema surge cuando  la memoria de los dolores y placeres pasados –que es esencial a toda vida orgánica- permanece como un reflejo, un comportamiento dominante. Este reflejo toma la forma de un “yo” y somete al cuerpo y a la mente a sus fines, que son invariablemente la búsqueda del placer y la huida delante del dolor. Cuando veas al “yo” en lo que es, un hatillo de deseos y de miedos, y el sentimiento de “mío” como englobando todas las cosas y las personas necesarias a la consecución del placer y a la huida delante de dolor, te apercibirás que “yo” y “lo mío” son ideas falsas que no tienen fundamento en la realidad. Creadas por la mente, reinan sobre ella tanto tiempo como se las considera como verdaderas. Cuestionadas, se disuelven.

Primero es la pulsión de supervivencia del individuo y de la especie. Sobre este impulso caen los acontecimientos que son de placer o de dolor.
Eso queda en la memoria y configura unos comportamientos de deseos y temores que se convierte en un patrón de acción.
Ese reflejo, apoyado en la memoria que configura un comportamiento dominante, es lo que toma la forma de “yo”.
Ese reflejo, que llamo yo, somete a la mente y al cuerpo a sus fines. Quien conocer al “yo” como un hatillo casual, se libra de creer en él.

Hay sentimiento de identidad, pero es la identidad de una memoria.

El impulso básico de mi condición de viviente se configura mediante los acontecimientos de placer y dolor, mediante las satisfacciones y frustraciones, como una memoria y un programa de comportamiento patrón.
Esa peculiar memoria y su configuración, que se convierte en comportamiento dominante, eso es lo que constituye mi identidad.
Soy un agregado y una configuración casual.
Mi identidad, lo que llamo “yo” no es lo que hay.

Abandonar la idea de ser un cuerpo (un “yo”) y pregúntate:¿quién soy yo? Al instante, se pone en movimiento un proceso que te llevará a la realidad, o mejor, llevará a tu mente a la realidad. No hay que tener miedo.
Si sólo soy un hatillo casual de deseos y temores, ¿quién o qué soy yo? ¿Qué es esto que hay aquí en mí?

Para que la realidad sea, es preciso que se borren las ideas de “yo” y de “lo mío”. Desaparecerán si las dejas ir. Entonces tu ser normal y natural reaparecerá, estando en él no serás ni cuerpo ni mente, ni el “yo” ni “lo mío” sino un estado de ser radicalmente diferente. Es la pura conciencia de ser, de no ser ni esto ni aquello, sin ninguna identificación de sí mismo con nada particular ni general. En esta pura luz del despertar, no hay nada, ni siquiera la idea de nada. Sólo la luz.

“Yo” es sólo un nudo del paso de las líneas de la vida. No es lo que es.
La indagación me llevará a comprender que soy sólo “ser, conciencia”.
Ese es mi ser real. Nada particular. Vacío de individualidad.

Debes comenzar por ser un observador desapegado e impasible.
Observa todo esto como un testigo.

Después de comprender que no eres más que un agregado de recuerdos atados por el apego, sal y míralo desde el exterior. Podrás percibir, por primera vez, algo que no es la memoria. Cesarás de ser el Sr. Fulano de Tal, ocupado en sus propios asuntos. Estarás por fin en paz. Verificarás que no ha habido jamás nada malo en el mundo, tú sólo eras malo, y ahora, todo ha terminado. Nunca más te aprisionará la red del deseo y de la ignorancia.[29]

Si llego a comprender que soy un agregado de recuerdos (de fracasos y éxitos, una estructura de deseos y temores) atados por el apego, estaré en paz.
Podríamos decir que hasta ahora hemos percibido las construcciones de la memoria, desde sus patrones de deseos y temores; a partir de ahora hay que procurar percibir algo que no es memoria

Si no hay “yo”, ¿quién o qué soy?
Si lo que filtra el yo desde los patrones de la memoria no es real, ¿qué es real?

Real es lo que está libre de todos mis filtros:
Lo Real no es sujeto, no es objeto, no es individualidad,
es no dualidad pura.



[1] Nicolas de Cues: Du non-outre. Le guide du penseur. Pgs. 11-47

[2] Nicolas de Cues: Du non-outre. Le guide du penseur. Los ejercicios 3,4, 5, Pgs. 11-47.

[3] Nisargadatta: Je Suis.  Pg. 182.

[4] Gñanésvar: Amritanubhava. Siglo XII. Poeta  sabio vedanta y devoto del sur de la India.

[5] Nisargadatta: Je suis, pg.175.

[6] Gñanéshvar. Amritanubhava.

[7] S. Vivekânanda. Jñana-Yoga. Spiritualités vivantes. pgs. 401-418.

[8] Gñanéshvar: Amritanubhava. Pgs 77-88

[9] Gñanéshvar: Amritanubhava: Pgs. 87-97.

[10] Gñanéshvar: Amritanubhava. Pgs. 104-106.

[11] Gñanéshvar: Amritanubhava.

[12] Abd al-Karim AL-YILI: El hombre universal. Pgs. 84-85.

[13] Al Yîlî: El hombre universal. pg. 78

[14] Al Yîlî, pg.53.

[15] Ibn Arabí.

[16] Al Yîlî. pg 59.

[17] Al Yîlî, pg. 59.

[18] Corán: 3, 190-191.

[19] Al Yîlî, pg. 47.

[20] Gñanéshvar. Amritanubhava. pgs. 116-117.

[21] Nisargadatta: Je suis. pg. 102-113.

[22] Gaudapâda: Kârikâ. I, 1, 5, 10, 16, 17, 18; II, 5.

[23] Gaudapâda:Kâriakâ. II, 1, 2, 4, 5, 9, 10, 11, 12.

[24] Cfr. Nisargadatta: Je suis. Cp. 43, Pgs. 207-212.

[25] Cfr. Nisargadatta: Je Suis. Cp.49, Pgs. 245-246.

[26] Nisargadatta: Je suis. Pgs. 347, 330 ,321, 327, 320, 321.

[27] Nisargadatta: Je suis. Pgs. 346, 326, 340 343, 346, 347, 324, 337.

[28] Nisargadatta: Je suis. Pgs. 38, 383, 385, 386, 388, 388-90, 388, 384.

[29] Nisargadatta: Je suis.